Ora lo que sueñas

Hebreos 11:1: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”

Lo que se sueña, se cree; lo que se cree, se convierte en realidad; y lo que se cree, se ora.

Fe es esperar algo bueno del mañana: es tener buenas expectativas del futuro. Resulta peligroso que, debido a los malos momentos que podamos atravesar, perdamos la capacidad de soñar, porque cuando se pierde la capacidad de imaginar y soñar, la fe no tiene sustancia. Es la fe la que va a construir la sustancia de lo que estamos esperando; si no hay expectativas positivas ni sueños, la fe no tendrá la sustancia para poder dibujar lo que cree.

Un sueño no es lo que miramos cuando estamos dormidos, es lo que no nos deja dormir. La fe es un león capaz de conquistar los grandes sueños que tenemos, y cuando soñamos, le estamos mostrando a la fe lo que tiene que conquistar; además, ella cobra vida cuando nuestros sueños son más grandes que nuestras posibilidades y habilidades. Dios a todos nos dio la capacidad de soñar y de tener fe, y cuando a esa fe, le pintamos con los sueños lo que tenemos que conquistar, el león despierta y dice: “eso me gusta”; pero cuando a la fe le pintamos cosas pequeñas, que no tienen grandeza, ella bosteza. La fe conquista lo imposible. ¡Necesitamos empezar a soñar de nuevo!

Ahora bien, cuando la fe está activa, nos impulsa a orar por lo imposible. No podemos orar solamente por lo que estamos necesitando, hay que orar lo que estamos imaginando, porque la fe conquistará lo que soñamos e imaginamos. Soñemos con una Iglesia cabeza de monte, con grandeza, con familias sirviendo a Dios. Nuestro sueño debe tener su asiento en la Palabra de Dios. Despertemos el león y la leona que está dentro de nosotros con sueños de grandeza.

Cuando oramos lo que imaginamos, le estamos dando sustento a la fe. Hay mucha gente que se está llevando sueños de Dios a la tumba, debido a que en algún momento fracasaron. ¡Volvamos a soñar! porque los sueños no dejan de ser realidad aunque hayan fracasos; estos son los mejores maestros para llevarnos al cumplimento de los sueños. Recuperemos los sueños de grandeza, porque si lo podemos ver, lo podremos tener. No perdamos la capacidad de soñar, porque entonces perderíamos nuestra capacidad de grandeza. La fe cree lo que el corazón imagina, y la oración contribuye con la fe. ¡Pintémosle a la fe lo que tiene que conquistar!