“Nosotros confiamos en Dios”

Apocalipsis 22: 13: “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.”

Dios siempre tiene la última palabra y la tiene respecto a lo que ocurra en nuestras vidas, familias y nuestro país. Solo Jesús es el Alfa y la Omega, y es la garantía de que todo lo que determine Dios, eso será. No perdamos nuestra perspectiva, nosotros confiamos en Dios, pues lo contrario sería perder nuestra influencia y recordemos que el que tiene la mayor influencia es quien tiene una influencia con Dios por medio de la oración, de una relación con Él. Nada excede a Dios, Él es tan poderoso que nada ni nadie lo sobrepasa. Dios es Dios, y nada más los es. Oramos al único que puede ayudarnos, apelamos al único que puede intervenir más allá de lo vemos o escuchamos. No dejes que lo que ves u oyes anule lo que crees. Tenemos que esperar lo que Dios va a hacer.

Cuando alces tus ojos al cielo, e invoque al Dios que todo lo puede, empezarás a ver lo que estás creyendo en lo espiritual. ¡Nosotros confiamos en Dios! El Espíritu Santo está en nuestra vida por Jesús, porque Él lo envió como nuestro ayudador, y será el Espíritu Santo el que perfeccionará su obra en nuestras vidas, por Jesús y para Jesús. Ninguna ideología de este mundo puede estar por encima de nuestra fe en Jesús, ni sobre los valores que como cristianos debe imperar en nosotros, pues el justo por su fe vivirá, declara la Biblia, – no por una ideología política o religiosa, dado que nadie más murió por nosotros, sino Jesús -. De ninguna manera podemos permitir como Iglesia que se propicien divisiones y enemistades; la Iglesia debe ser una influencia de la paz y la reconciliación. El que odia y no perdona se destruye a sí mismo, esto es lo más peligroso, el odio que justifica la violencia y la destrucción. ¡Esto no es posible en la Iglesia! Jesús reconcilió el cielo con la tierra por medio de su cruz; el Espíritu de Cristo es perdón y reconciliación. El rencor y el odio atraen muerte y enfermedad. La calle es para que sea predicado Jesús, no para propiciar odios, ni divisiones.

Cuando usted dice de Dios, “mi Dios”, todo cambia, porque ya no es un Dios abstracto, un Dios de todos, sino “mío”, con quien me relaciono y reconozco como mi fortaleza y esperanza, cada día le adoro, oro, confío en su protección, amor y poder, y todos los días me encuentro con Él, porque tengo una relación con Él. Por ello, procuramos que la gente conozca y ame a Jesús, no solo que le reciba.  Los milagros son peleados, luchados, pues Dios nos forma para la victoria, Él no malcría a ninguno de sus hijos. ¡Viene un milagro para mi país! ¿Por qué Dios nos expone a situaciones difíciles? Porque está formando carácter en nosotros. Debemos aprender las lecciones del cielo para avanzar. – Dios disciplina al que ama y recibe por hijo. – El cristianismo es un estilo de vida superior, de amor, perdón y servicio. Las promesas de Dios son un sí y un amén para nuestras vidas por medio de Cristo, pero debemos creerlas y lucharlas hasta verlas cumplidas. Jesús lidera victorias y vencedores; Él no lidera fracasos, sino que restaura fracasados y los convierte en vencedores. Dios va a ganar otra vez, y nosotros ganaremos con Él. Ese Dios es “mi Dios”, mi esperanza y confianza. En Él soy más que vencedor. Quien hace a Dios como suyo es un vencedor. Dios es su protector, no duerme velando para protegerlo – Ni se dormirá el que te guarda, cita Salmos 121: 3. – Dios es tu sanador cuando Él es tu Dios; Él quiere que vivamos sanos, y no conocerá al Dios sanador si no pasa por la enfermedad. Dios también está atento a nuestro clamor que hacemos ante Su presencia, a esa oración intensa, apasionada, fuerte y en alta voz, desesperados por un milagro, – Jesús no responde a tu capacidad, Jesús responde a tu clamor, así que clame aunque sepa cómo salir de una circunstancia. Cuando clamas, Dios sabe lo que necesitas porque conoce tu clamor y lo que significa. – Ese es el Dios en quien confiamos, y cuando Dios es “mi Dios”.

Dios es especialista en resucitar cualquier cosa que esté muerta. Juan 11 relata la resurrección de Lázaro, y este yacía muerto por cuatro días, ya hedía. Lo primero con lo que Jesús lidió cuando abrieron la tumba, fue con el hedor a muerte que salía del sepulcro. Jesús no se movió de su fe y dio la orden de que se levantara y fuese desatado, porque Jesús desata nuestros milagros.

Isaías 49:4: “Pero yo dije: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas; pero mi causa está delante de Jehová, y mi recompensa con mi Dios.”

Isaías tuvo la confianza de que su causa estaba delante de Dios, y su determinación era confiar más allá de no ver lo que esperaba. Muchas veces podemos pensar esto, pero no debemos sucumbir a esos pensamientos, ni dejar que se alberguen en nuestros corazones. No en vano trabajamos, viene recompensa de la mano de Dios.

Jeremías 29: 11: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.”

Viene un tiempo de recompensa, no nos cansemos de hacer el bien, porque segaremos. Sea lo que sea que estemos pasando, Dios nos sacará de allí, pues Dios tiene un plan, un buen plan. ¡Vienen días de gloria para vuestro país!