“Que no se enfríe tu amor por tu nación”

Nehemías 1:3-4-8: “Ellos me respondieron: «Los que se libraron del destierro y se quedaron en la provincia están enfrentando una gran calamidad y humillación. La muralla de Jerusalén sigue derribada, con sus puertas consumidas por el fuego». Al escuchar esto, me senté a llorar; hice duelo por algunos días, ayuné y oré al Dios del cielo. »Recuerda, te suplico, lo que le dijiste a tu siervo Moisés: “Si ustedes pecan, yo los dispersaré entre las naciones: pero, si se vuelven a mí, y obedecen y ponen en práctica mis mandamientos, aunque hayan sido llevados al lugar más apartado del mundo los recogeré y los haré volver al lugar donde he decidido habitar”.

Lo más peligroso que nos puede acontecer como nación es que nuestro amor, oración y la carga por nuestro país, se enfríe en el momento que más lo necesitemos. No podemos vivir de lo que un día recibimos, debemos refrescar y renovar la carga que Dios coloca en nuestro corazón por nuestra nación. Pero no se trata solo de lo que sentimos, sino hacer lo que Dios quiere que se haga por la nación. No podemos ser una Iglesia que se esconda de la crisis, Dios quiere que tengamos pasión y  que en nuestro corazón estén las ganas de que se cumplan los planes que Él quiere para nuestro país.

Las circunstancias difíciles vienen para desafiar corazones que estaban dormidos, si Dios encuentra a alguien que tiene carga por su nación, lo bendecirá y le dará influencia. No podemos recibir una carga de parte de Dios sin pedir algo en lo espiritual, ya que al recibirla empiezas a depender de Él como no creías. Dios siempre quiere que te conectes a lo espiritual para darte en lo natural estrategias y a la persona más sencilla le dará el poder de crear un impacto e influencia en su nación. Cuando hay alguien que desde la tierra clama por su nación, el cielo empieza a descender de manera sobrenatural para solucionar lo que en esa nación está pasando.

Esto se trata de actitud espiritual, un espíritu fresco que esté dispuesto a luchar por el Reino. Debemos empezar a orar la Palabra y al Dios que todo lo puede, porque mientras más oras la grandeza de Dios, más pequeño se hace tu problema. La grandeza de una nación va mas allá de su economía, política y todos los sistemas, lo más importante es que el nombre de Dios more y habite en ella.

Si hay un conflicto en nuestra nación, la principal arma es la intercesión, hombres y mujeres que se arrodillen. Dios ha dicho que Venezuela entrará en un enorme avivamiento y no aceptaremos algo que no sea lo que Jesús ha dicho. Cuando estamos con Dios y tenemos su presencia en nosotros, lo que tenemos en la mano, aunque se vea pequeño delante del enemigo, va a ganarle a cualquier arma que pueda traer a nuestra vida y nación. Si no oramos antes del problema, tendremos que orar un largo tiempo durante el problema. Si Dios te dio la carga a ti, es porque lo quiere hacer contigo y no con alguien más. El que siente carga por su nación no discrimina, ni desecha, ama al perdido, porque la grandeza del amor de Dios no divide, une y un pueblo unido y lleno de amor, avanza. Siendo el amor el motor que te mueve a una fe sobrenatural para hacer lo que no harías con tus fuerzas.

Habacuc 2:1: “Me mantendré alerta, me apostaré en los terraplenes; estaré pendiente de lo que me diga, de su respuesta a mi reclamo.”

Dios a cada uno de nosotros nos ha dado una responsabilidad dentro de esta visión llamada avivamiento, a ti te ha dado un lugar, el cual debes cuidar y estar atento, porque el ejercito que gana es el que nunca baja la guardia y no permite que nada salga o entre en la nación que no sea lo que Dios quiere, pues ellos están atentos espiritualmente. Cuando se despierta tu amor, no importa la circunstancia, sino que te determina a ir más allá, a luchar y pelear hasta el final. Si una persona está determinada a levantar su nación y restaurarla, Dios le da una influencia sobre naciones, porque lo que inicia desde lo espiritual, Dios empieza a darle autoridad en lo natural.