No mueras soñando

Una de las grandes tragedias que le puede acontecer a un ser humano es estar vivo y perder la capacidad de soñar, imaginar y tener esperanza en vida. Uno de los grandes motivos por los que un matrimonio se acaba, es porque dejan de soñar, olvidan aquellas razones por las cuales habían iniciado una vida juntos. Ahora bien, es necesario recordar que Dios nos dio la capacidad de soñar, y Él mismo sueña y planea. Dice la Biblia en Génesis que Dios, en el inicio de la creación, cuando la tierra estaba desordenada y vacía, empezó a ordenarla y a organizarla, pero antes había soñado he imaginado lo que posteriormente haría.

Hay tanto orden en la creación, que la ciencia moderna reconoce que no pudo haber sido producto de la casualidad, tiene que haber una mente superior involucrada en tanta técnica y organización. Entonces la probabilidad de que el universo haya sido consecuencia de la casualidad es muy baja. Esto nos lleva a confirmar que la tierra había sido planificada, es decir, ella es el resultado de un plan y un sueño de Dios, por lo que nosotros tampoco somos una casualidad, sino que fue Dios quien predestino que naciéramos. ¡Somos parte de un sueño de Dios!

Salmo 139:16: “Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.”

Nacemos con una gran capacidad de soñar, porque nuestra fe se afianza en el sueño que tenemos. Si no soñamos, perdemos la capacidad de creer y la esperanza, lo que significa vivir estando muertos.

Salmo 126: 1-3: “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, Y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; Estaremos alegres.”

Cuando volvemos a soñar la alegría vuelve a nosotros, porque no puede haber alegría si no hay sueños. Hoy, muchos matrimonios han llegado al divorcio, y emprendimientos han fracasado, por haber dejado de soñar. Pero es necesario que sepamos que no podemos dejar que las adversidades de la vida nos roben la capacidad de soñar. Dios quiere sacarnos de toda cautividad, Él no vino solamente para salvar nuestra alma, sino para hacernos verdaderamente libres; así que no podemos vivir ni en tristeza ni en desesperanza, Dios nos creó para soñar. Cuando esos sueños llegan, la risa viene no importando que todo afuera esté mal.

Cuando dejamos de soñar nos rendimos, y cuando nos rendimos, morimos. Así que no llevemos al cementerio lo que el Padre ha soñado de nosotros, aunque ese plan hoy esté como una semilla, Dios no quiere que muera de esa forma, sino que esa pequeña semilla se convierta en un bosque. Lo primero que Dios nos da no es un milagro, sino el sueño que atrae ese milagro. Así que debemos creer, imaginar, y ver que vienen días de gloria, hay que verlos para que lleguen. ¡Vuelve a soñar! Porque esos sueños que estaban muertos pueden resucitar.