Que nada te quite la adoración

Juan 4:23: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”.

Jesús no se le reveló al más santo de Samaria, sino a la mujer con la peor reputación del pueblo. En cierta oportunidad, esta mujer estaba en el pozo y Jesús le pide agua, lo que de alguna forma la sorprende, porque Jesús le dice su vida pasada y presente. Posteriormente, Jesús se revela como el Mesías y el Salvador de la raza humana; esta mujer no duda de su palabra y regresa al pueblo (Samaria) predicando, lo que genera que todos se convirtieran.  Esto indica que Jesús no escoge las mejores vidas, sino los mejores corazones.

Ahora bien, en el contexto que Jesús está hablando a esta mujer, le resalta algo: que el Padre viene a buscar adoradores, y que viene un tiempo en el que los verdaderos adoradores adorarían en espíritu y en verdad. Jesús está hablando de una acción que sobrepasa las circunstancias que nos rodean, porque mantenerse en adoración a Dios en una crisis como la que vivimos, es para verdaderos adoradores.

La adoración no nace de un corazón que se queja, sino de un corazón agradecido, que aunque ve lo peor, espera lo mejor. Debemos aprender a mantenernos en una actitud de agradecimiento aunque no veamos lo mejor. Esa es la actitud que mantiene al creyente de pie en cualquier clase de batalla. El Padre está buscando verdaderos adoradores, y no solo el que canta adora; la adoración nace del corazón del que cree, y puede brotar sin música y sin letra. Adorar no tiene que ver con cantar, sino con un corazón lleno de agradecimiento, y ese es el principio de la adoración genuina y verdadera.

Cuando una persona solamente adora a Dios porque tiene dinero en el bolsillo y todo en su vida marcha bien, es solo un interesado. Cuando viene la prueba a nuestras vidas, Dios nos observa con atención a ver qué vamos a hacer, porque si no adoramos, no somos adoradores, sino interesados. Lo primero que el diablo le tocó y quitó a Job fue su capacidad de adorar, y esta capacidad estaba basada en los animales que sacrificaba a Dios. (Job 1:14). Ahora bien, el enemigo sabe exactamente qué quitarnos para callarnos y para hacer que no adoremos más.

En muchos, la adoración está basada en que todo a su alrededor esté bien. Job llegó al momento en el que tuvo que entender que su vida estaba en Dios, y no en nada de lo que podía tener, y el día que lo entendió, tuvo el doble del ganado y el doble de los hijos que tenía. Job aprendió que lo más poderoso que tiene un creyente en la Tierra es su adoración. Dios está buscando verdaderos adoradores que le adoren en espíritu y en verdad.

Una vida que vive en adoración, es una vida que vive en fe constante, y siempre tiene en su boca una confesión positiva de esperanza, que ayude al que le oye y a él mismo. Que nuestra adoración nazca del agradecimiento hacia Dios, porque vivimos para adorarle y agradecerle. ¡No hay nada más poderoso que un corazón que vive para adorar!