“Que nada dañe el futuro”

Los únicos que podemos hacer que nuestro destino no se cumpla somos nosotros mismos. Todo tiene un tiempo, hay un tiempo para cumplir el propósito de Dios en un individuo o en un país, Dios lo anuncia y luego lo manifiesta. Cuando empieza un plan de Dios lo primero que hace es anunciarlo para que se manifieste en nosotros.

Lo que escuchamos o vemos no determina lo que Dios tiene para nosotros, no importa lo que veamos este país y nosotros tenemos un futuro, y es bueno. Mi futuro depende de lo que yo creo y no de lo que Satanás hace, lo que el enemigo persigue en nosotros no es a nosotros en sí, sino nuestro futuro, pues somos creación de Dios y el odia a Dios. La guerra espiritual que tenemos es por nuestro futuro; por lo que Dios ha puesto en cada una de nosotros.

 No debemos permitir que nada dañe nuestro futuro. Cada vez que Dios anuncia un futuro, Satanás luchará porque se pierda, es una responsabilidad cuidar de nuestra descendencia para que no se pierda. El primero que debe proteger su futuro es el que lo posee, el futuro debe velarse de manera personal, el vínculo de sangre no hace que el futuro sea el mismo.

Nuestro llamado no es invadir la vida del otro ni cuestionar su futuro, cada uno debe pasar sus propios desiertos de forma personal e individual, pues para cada uno Dios ha planeado un propósito diferente. La lucha por el futuro es individual, para pelear por un futuro es necesario pasar por el desierto, no hay atajos ni opciones en esto. Jesús pasó por el desierto y nosotros tendremos que pasar por él.

Tenemos un gran futuro, pero Satanás atacará con más fuerza nuestro futuro cuando aún es pequeño; por esto, desde que apenas empieza hay que anunciarlo. Al que tiene futuro no le da miedo, ni se avergüenza en decirlo. Debemos hablar lo que creemos, es una forma astuta de Satanás, robarte el futuro, atemorizándote para que no hables de él.