Un mayor conocimiento de Jesús

Efesios 1:16-19: “No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza”.

Todo avance o retraso en nuestra vida espiritual depende de la revelación que tengamos de Jesús y de la unión con Cristo. Hay cosas que leemos que nos brindan conocimiento, pero al pasar los años y vivir nuevas experiencias, cuando las volvemos a estudiar, orar y oír, la forma de interpretarlas ha aumentado.

Mientras tenemos más experiencia, conocemos más a Jesús a través de las circunstancias, lo que nos lleva a tener un mayor nivel de comprensión de Él. Por eso, cuando Jesús viene a través del Espíritu Santo y nos dice: “quiero que me conozcas”, nos está diciendo que estamos listos para un mayor nivel de revelación y conocimiento, debido a que ya no somos la misma persona de cuando llegamos a los pies de Cristo. Las experiencias que hemos vivido han abierto un espacio para que tengamos un mayor nivel de comprensión, sabiduría, y conocimiento acerca de la verdad que representa nuestra unión con Cristo.

El mayor poder que existe en nuestra vida espiritual consiste en trabajar en la revelación de nuestra unión con Cristo. La prioridad de nuestras vidas es conocer a Jesús. La Biblia es un tratado que habla proféticamente de la vida de Jesús, todo se trata de Él. Dicen las Escrituras: “Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas” (Romanos 11:36), así que, todo se trata de Jesús. Por ello, cuando le pedimos al Espíritu Santo que nos revele a Cristo, vamos a empezar a mirar a Jesús involucrándose y presente en áreas de nuestras vidas que pensábamos que no estaba atento. Jesús está en todo, nada escapa de su dominio, voluntad y gloria.

Romanos 8:28-29: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”.

Las situaciones difíciles que atravesamos en la vida y que no entendemos por qué vienen, son nuestro mejor motivo y oportunidad para que Cristo se nos revele y podamos parecernos más a Él. Hay circunstancias tan adversas, que la única alternativa que tenemos para poder seguir siendo un hijo de Dios, es tomar el camino de lo que Jesús haría en nuestro lugar, porque el propósito del Padre es que seamos transformados a la imagen de su Hijo; así que, Dios nos trae situaciones para que, no solamente lo digamos, sino que lo practiquemos. Las situaciones vienen para que el Cristo que decimos tener, lo vivamos. Entonces, cuando en una situación difícil actuamos como Jesús, esta no repercute para mal, sino para bien, porque a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan bien (Romanos 8:28), y el bien es que terminemos pareciéndonos a Jesús. Así que, mientras más difícil la situación, tendremos más oportunidad de parecernos a Jesús.

Todo aquel que tiene revelación de Cristo y deja que se manifieste en su vida, vence el pecado, así como también Jesús lo venció, y dice la Escritura que no puede pecar, porque es de Cristo. Cuando Cristo se manifiesta en nosotros, las cosas que por mucho tiempo estábamos luchando por dejar, se van, porque cuando Cristo aparece, caminamos en una vida de autoridad sobre el pecado; nos transformamos en aquello que Cristo manifiesta en nosotros. Por eso, la santidad no es métodos, doctrinas, ni disciplinas, sino revelación de un Cristo manifestado en nuestras vidas. No tenemos que pelear para que lo que no es de Dios se vaya de nuestra vida, por sola imagen de Dios en nosotros, sometemos al pecado bajo la autoridad de Cristo en nuestra vida. Hoy, deseemos un mayor nivel de experiencia, de comunión, de vida y de victoria en Cristo Jesús. ¡Mengüemos para que Él crezca!