Luchemos las batallas de rodillas


Todos tenemos luchas diariamente. Luchamos contra las noticias, con las finanzas, con situaciones familiares, con deudas o quizá contra enfermedades y, por más que queramos esquivarlas, siempre nos persiguen hasta que llega el momento en que deben ser enfrentadas. Y la Biblia nos describe cómo vencer esas luchas.

Jesús tuvo la mayor batalla, justo antes de morir en el monte Getsemaní, pues sabía que sería separado del Padre y, aunque Él debía ir a la cruz, en su humanidad no deseaba hacerlo. Su mayor angustia era la separación del Padre. De seguro habían pensamientos que lo atormentaban respecto a sus discípulos, y no dudo que, el ambiente espiritual a su alrededor estuviese realmente tenso. Pero, las más grandes luchas de Jesús, las venció de rodillas. Él sabía la magnitud de la batalla que enfrentaría, y por eso se fortaleció en la oración.

Mateo 26:36: “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro”.

Jesús se mantuvo orando porque entendía la magnitud de su batalla. La única forma de conquistar las diversas luchas es orando.

Principios que respaldan la oración frente a las batallas.

1. Es un modelo bíblico. En la biblia aparecen muchas personas que pelearon grandes luchas de rodillas y vencieron. Un ejemplo de esto es David que libró muchas batallas clamando a Dios.
Salmos 3:3: “Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza”.

Asimismo, si peleamos juntos como Iglesia esta batalla que enfrenta nuestro país, donde la necesidad y la escasez abundan, de seguro la venceremos.

2. Cuando oramos, involucramos a Dios en nuestra batalla. Todo el que ora, clama y se arrodilla delante de Dios, lo involucra instantáneamente en cada situación. Al involucrar a Dios, no nos quedamos solos frente a los problemas, y si Él está por nosotros, ¿quién podrá contra nosotros?

3. Al orar, tenemos la dirección del Espíritu Santo. Él es quien nos da guía y dirección, algo que necesitamos siempre en medio de los problemas. Necesitamos la dirección de Dios para saber qué hacer frente a las distintas circunstancias. Cuando estamos de rodillas, podemos oír al Espíritu Santo, que es quien nos guía a toda verdad; Él es la voz de Dios. El que ora, jamás será engañado.

Asimismo, cuando oramos, no solamente pedimos cosas a Dios, sino que hablamos con Él y nuestros oídos se afinan para escucharle. ¡Pasa tiempo a solas con Dios! Habla con Él, ¡es tu mejor amigo! El apóstol Pedro dijo: “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. (1 Pedro 5:7).