“Los reedificadores de Jesús”

Salmo 127:1: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican, si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.”

Solo la Palabra de Dios tiene las respuestas a lo que estas buscando, debemos meditar en ella porque es la que nos da luz, y todo aquel o aquello que se encuentre edificado en ella, prevalecerá. El consejo de Dios es, más de Mi, menos de ti cuando vayas a construir algo, negocios, economías, hogar; sabiendo que lo que Dios no edifica puede ser destruido o dañado, pero lo que Dios levanta ¿Quién lo puede derrumbar? Lo que Dios construye ¿Quién lo puede destruir?, debemos edificar con Dios.

Si intentas construir algo bajo el humanismo, el intelectualismo o tus capacidades, eso no prevalecerá, tarde o temprano te encontraras con ruinas; pero en ese momento el Espíritu Santo comienza a actuar como lo hacía  en el principio.

Génesis 1:2: “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”

 Dios es un experto reedificando ruinas, reedificando matrimonios, países y esperanzas. Jesús puede reedificar cualquier situación que se encuentre en ruinas en tu vida, pero antes de reedificar esa situación su mayor interés es reedificar tu corazón. Dios quiere que reedifiquemos nuestro corazón primero, para luego reedificar afuera; una vez que Jesús se entrone en tu corazón, no podrás dejar de predicar, de servir, de reedificar todo aquello que este en ruinas, con poder.

 Isaías 61: 4: “Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones.”

Los fracasos exterminan nuestros sueños y esperanzas, pero si colocas tu confianza en Jesús, el dador de esperanza, sabrás que mientras vivas y respires hay una oportunidad de futuro para ti; no importa lo que haya sucedido, recupera esos sueños. A Dios no le importa tu edad o situación por la que estés pasando para poder hablarte, porque Él le habla a tu corazón y hoy te dice: No importa cuántas veces caíste o te decepcionaron, en mí serás levantado, y reedificaras a otros; ¿fracasaste? Sí, pero serás levantado y ese fracaso del que provienes sirvió de enseñanza.

Nunca permitas que el desánimo te inactive; el enemigo quiere sentarte en tu dolor y que guardes luto por ese fracaso, pero en esa situación debemos actuar como Nehemías que se sentía ahogado por el desanimo pero se dio cuenta que solo Dios podía ayudarlo, y oró y ayunó delante de Dios para ser reedificado en su fe.

Nehemías 1:1-4: “Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.”

Los reedificadores de Jesús son gente con pasión, que predican, que sirven, son personas que oran y ayunan; que provienen de fracasos y decepciones, pero en medio de esas situaciones colocaron sus esperanzas en Jesús y fueron levantados para reedificar a otros. Son estos creyentes quienes trabajan para que las cosas pasen, no son simples observadores sino que trabajan para hacer cumplir la obra y propósito de Dios. Son ellos quienes en tiempo de crisis se levantan y dicen, Señor envíame, y reedifican, no se quedan sentados, no se hunden en el fracaso; salen y levantan todo lo que está en ruinas para dar gloria a Dios. Necesitamos personas con esta pasión y deseo, debemos sacudirnos el desánimo y trabajar como nunca antes lo hemos hecho, esa es la gente que Dios necesita ante cualquier situación. Como dijo el Apóstol Pablo, si es necesario gastar lo nuestro e incluso a nosotros mismos, lo haremos por nuestro Dios; sin importar si al final de nuestra vida logramos o no lo que queríamos, pero trabajamos por la Obra de Dios.