Los maestros de la vida

Dios llevó al pueblo de Israel al desierto, y este lugar se convirtió en una escuela para enseñarle grandes cosas. Hoy, al mirar a este pueblo, podemos constatar que son ellos quienes dominan las finanzas del mundo, es decir, personas prósperas en cualquier lugar a donde lleguen. Un pueblo que tenía una mentalidad de esclavitud y de pobreza, hoy día es totalmente próspero y dominador en el área financiera; la razón es que Dios se encargó de educarlos en el desierto.

Dios tiene algunas escuelas para enseñarnos a nosotros. Su objetivo, más que darnos algo, es hacer de nosotros algo; porque si nos convierte en lo que Él desea, lo que queremos va a venir solo. El pueblo de Israel quería Canaán, tierra en la que fluía leche y miel, pero el principal interés de Dios no era darles lo que querían, sino llevarles a la escuela llamada desierto, y que estuvieran aptos para recibir lo que Él quería darles.

Gálatas 3:29: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”

Gálatas 4:1-2: “Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.”

Podemos ser hijos de Dios y herederos de las promesas de Abraham, pero en nada diferimos con alguien que no ha conocido a Dios si somos niños, es decir, es necesario que el creyente alcance madurez; esta será la única forma de que se nos sea entregada la herencia. El Padre no puede conceder la herencia a niños, debido a que estos no tienen la madurez para manejarla. Cuando la Iglesia alcanza madurez, el Padre les ordena a los tutores o cuidadores que entreguen esa herencia a los herederos de los hijos de Abraham. Ahora bien, madurez es conocimiento integral (en la esfera de lo natural y lo espiritual). Cuando la Iglesia alcanza el nivel de crecimiento en ambas áreas, se desata lo que el Cielo tiene para nuestras vidas.

La escuela a la que Dios llevó al pueblo de Israel se llamó desierto, y los maestros que tuvieron en este lugar fueron el hambre, el fracaso, la escasez y corazones rotos, estos aunque dolorosos, son los mejores maestros de la vida, son los maestros que Dios tiene en la escuela del desierto para enseñarnos. Estos momentos de dificultad son necesarios para hacernos saber que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4).

Finalmente, aunque Dios nos lleve a la escuela del desierto, y los maestros sean dolorosos, recordemos que nos harán crecer y madurar para alcanzar lo que Él tiene para nuestras vidas. Además que, para alcanzar el éxito acá en la tierra será necesaria la bendición de Dios, nuestra fuerza humana no será suficiente para avanzar en la vida, y solo caminando en obediencia a los principios de la Palabra de Dios contaremos con su respaldo. Para alcanzar el éxito en la vida, necesitamos recibir de Dios el poder en la dimensión del Espíritu, y lo que hemos recibido en esa esfera nos da las fuerzas para hacer lo que nos corresponde en lo físico. Por eso, es tan indispensable la bendición de Dios en todas las áreas de nuestras vidas.

Si estamos en un desierto, no tengamos temor, ¡Dios está en control!, esperando que salgamos aprobados de ese examen para entregarnos grandes cosas. Cuando tengamos ese crecimiento, recibiremos nuestro milagro, confiemos, porque la bendición de Dios nos alcanzará.