“Los Edificadores de Jesús”

El país es el reflejo de la Iglesia que vive en este. Ello implica una gran responsabilidad para quienes profesamos la fe en Jesús y somos su Iglesia. En este sentido, el liderazgo dentro de la Iglesia debe responder a un llamado directo de Dios para el ejercicio de su función, de lo contrario en lugar de edificar, destruirá. De esta forma, el servicio a Dios se pervierte cuando cada quien busca sus propios intereses y no los de Dios; esto ha derivado en que los templos se hayan convertido en escondites y lugares de competencia. Pero, Jesús vio la calle como el lugar donde desarrollar su ministerio, en lugar de los templos de la religión formal. Es diferente cuando vienes a un templo, pero para prepararte a ir a la calle a hacer el trabajo que debemos hacer de servicio a Dios a favor de  la gente.

El llamado para la Iglesia sigue siendo el mismo. Hay que predicar el evangelio, que las calles sean un lugar de encuentro de amor con Jesús. Cuando Jesús sale a la calle reflejado en hombres y mujeres su amor llega a los corazones de las almas necesitadas. Un hombre o una mujer llamados por Dios no pueden servir a Dios menospreciando a la gente. Por tanto, yo no puedo juzgar a nadie, ni condenar a nadie, más bien debo procurar la salvación de todos. Este es el Evangelio de Jesús que es poder de Dios para Salvación. Cuando alguien tiene un corazón enfocado en que la gente sea salva, va a esto, sin importar quién o cómo sea esa gente, ni lo que cueste hacerlo.

 Por tanto, sembraremos los valores de Jesús en este país y veremos transformaciones dramáticas en el corazón de la gente y en toda nuestra nación. Vamos a edificar con Jesús, entendiendo que es a la calle a donde debemos ir. No seamos simples, no podemos pensar que vivimos solo para lo que dicta nuestra rutina, nacimos  para algo más grande y viene un momento histórico para usted y para este país, en el que aquello para lo cual vivimos se manifestará. La solución para este país es el amor de Dios, pues este es el único que puede desalojar odios y traer perdón.