“Los 2 caminos de la vida”

Desde un principio, Dios nos ha hecho saber claramente que siempre tendremos dos caminos frente a nosotros. Los principales son el de la vida y la muerte, así como los de la riqueza y la pobreza, la prudencia y la necedad, la justicia y la injusticia. Ante esto, Dios nos ha dado un libre albedrío para tomar cada decisión, que determinarán nuestra vida en el futuro

Deuteronomio 30:14: “Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas”.

La única forma de llegar al éxito es teniendo un camino recto y justo, donde Jesús quiere que estemos. El camino que Dios ha escogido para ti, está fundamentado en principios y estatutos que no pueden ser tergiversados, alterados o modificados. Al obedecer estos fundamentos, recibes grandes bendiciones.

Jesús dijo: “Yo soy el camino”. No te desesperes tanto por alcanzar tu destino, sino enfócate en el camino que escoges para llegar a ese destino. Si no eliges bien, tendrás consecuencias que Dios no te impedirá. La Biblia no se equivoca; habrá consecuencias.

Mateo 7:13-14: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.

Dios dijo en el libro de Lucas: “esfuércense por entrar por la puerta estrecha”. Es importante hacer énfasis en la palabra: “Esforzarse”; no es nada fácil. Al mencionar que hay un camino ancho, hace referencia  al libertinaje, donde no hay mandatos de Dios ni normas. Esto es lo que los jóvenes conocen como “libertad”. El camino ancho, suena bien pero ese camino es de mal, y te traerá repercusiones negativas en tu vida y te llevará a la perdición.

Por esto, Dios es un Dios de oportunidades, y siempre traerá de vuelta a sus hijos, y aunque tu situación hoy se vea mal, mañana se verá mucho mejor; aunque el camino sea estrecho, tu futuro será amplio. El destino que te espera de es paz , prosperidad y salud. ¡Dios nunca miente!