“Lo que sucede cuando el pueblo de Dios clama”

Los versos que leeremos a continuación nos llevarán a sentirnos identificados con lo que actualmente sucede en nuestras vidas, comunidades y país. En la Palabra de Dios encontramos patrones que al copiarlos se obtienen los mismos resultados, dejándonos una enseñanza de cómo salir de situaciones duras y cómo no entrar en ellas.

Joel 1:2-10, 13-14: “Oíd esto, ancianos, y escuchad, todos los moradores de la tierra. ¿Ha acontecido esto en vuestros días, o en los días de vuestros padres? De esto contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación. Lo que quedó de la oruga comió el saltón, y lo que quedó del saltón comió el revoltón; y la langosta comió lo que del revoltón había quedado. Despertad, borrachos, y llorad; gemid, todos los que bebéis vino, a causa del mosto, porque os es quitado de vuestra boca. Porque pueblo fuerte e innumerable subió a mi tierra; sus dientes son dientes de león, y sus muelas, muelas de león. Asoló mi vid, y descortezó mi higuera; del todo la desnudó y derribó; sus ramas quedaron blancas. Llora tú como joven vestida de cilicio por el marido de su juventud. Desapareció de la casa de Jehová la ofrenda y la libación; los sacerdotes ministros de Jehová están de duelo. El campo está asolado, se enlutó la tierra; porque el trigo fue destruido, se secó el mosto, se perdió el aceite. Ceñíos y lamentad, sacerdotes; gemid, ministros del altar; venid, dormid en cilicio, ministros de mi Dios; porque quitada es de la casa de vuestro Dios la ofrenda y la libación. Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová.”

Al referirse a los ancianos en estos versos habla a los líderes del pueblo de Israel y del mismo modo hace un llamado a los moradores de la tierra que escuchen este mensaje, cristianos y los que no lo son, haciendo referencia a que lo que está pasando impactará otras generaciones. Más adelante relata que, la oruga una plaga que azotaba las cosechas, golpeó la economía de Israel, que para ese entonces era agrícola; la oruga se come la hoja pero deja el tallo y aun lo que dejó este animal lo comió el saltón y posteriormente el revoltón y la langosta lo que había quedado. Se habla realmente de una catástrofe económica en el pueblo de Israel y en la que podemos ver reflejado al pueblo venezolano. Luego que se describe la situación del país habla a los sacerdotes, porque cuando la economía de una nación es afectada también lo es la de la Iglesia y la solución que plantea el profeta ante semejante problema económico es convocar a la casa de Dios, a todo el liderazgo y al pueblo para clamar a Dios, orar con un clamor que salga del corazón.

Joel 2:12-13,15-19: “Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. Tocad trompeta en Sion, proclamad ayuno, convocad asamblea. Reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños y a los que maman, salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia. Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios? Y Jehová, solícito por su tierra, perdonará a su pueblo. Responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí yo os envío pan, mosto y aceite, y seréis saciados de ellos; y nunca más os pondré en oprobio entre las naciones.”

La Biblia muestra la salida y la Iglesia en este tiempo debe orar como nunca ha orado. La solución ante el problema económico es convocar oración y Dios preocupado por su pueblo, que está esperando la acción de la tierra, va abrir el cielo para perdonar, sanar, responder y enviar mosto la señal de alegría, aceite que representa la presencia de Dios y seremos saciados. Vienen días de gloria y no seremos más oprobio entre las naciones, porque va a llegar el momento que debido al clamor del pueblo el cielo se va a abrir y Dios va a enviar abundancia de pan, alegría,  palabra, unción, presencia y nunca más seremos avergonzados. Para que no haya vergüenza debe venir gloria y para que haya gloria tiene que venir riqueza, bendición, paz, provisión, medicina y buena gestión en todas las áreas.

 Joel 2:20-25: “Y haré alejar de vosotros al del norte, y lo echaré en tierra seca y desierta; su faz será hacia el mar oriental, y su fin al mar occidental; y exhalará su hedor, y subirá su pudrición, porque hizo grandes cosas. Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas. Animales del campo, no temáis; porque los pastos del desierto reverdecerán, porque los árboles llevarán su fruto, la higuera y la vid darán sus frutos. Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio. Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite. Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros.”

Cuando se habla de alejar todas estas plagas quiere decir que Dios va a apartar todo lo que nos ha hecho daño. Hoy el Señor te dice: “¡no temas, alégrate!” Aunque este país no había salido de su aflicción Dios continua diciendo que Él hará grandes cosas, esto es el resultado de la oración y la humillación. Nuestra tierra empezará a producir nuevamente, el Señor pondrá a Venezuela en el lugar que estuvo,  pero cuando Dios restaura añade, es decir que tu postrer estado será mejor que el del principio, porque su concepto de restitución implica multiplicación.

Joel 2:26-27: “Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros; y nunca jamás será mi pueblo avergonzado. Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehová vuestro Dios, y no hay otro; y mi pueblo nunca jamás será avergonzado.”

Esta promesa la desata la oración, el ayuno y el humillarse en la presencia de Dios, quien solícito por su pueblo lo sanará, porque en medio del problema más grande Él se mueve. Estamos en el mejor momento para un milagro, porque cuando oramos, la sentencia que se había hecho, es cambiada por días de gloria ¡Jehová hará grandes cosas! Pidámosle que restituya todo lo que hemos perdido.