“Lo que llegamos a entender”

2 Corintios 4:7-10: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.”

“He pasado muchas veces por todas estas cosas que describe el apóstol Pablo y luego de atravesar por todos estos estados por los que pasa el ser humano, aprendemos que somos de un material que tiene muy poco o nada de qué gloriarse, de manera que ya no hay lugar para la altivez o autosuficiencia.” Somos personas comunes y ordinarias, sin importar todo el dinero o preparación que tengamos, pero con un Dios extraordinario. Ninguno es indispensable; el único extraordinario es Dios.

Cuando somos atribulados o derribados, es cuando nos sentimos más barro que nunca, porque vemos nuestra incapacidad e insuficiencia, allí se acaba el orgullo, la altivez y la suficiencia humana, pero también es allí cuando el poder es excelente. Finalmente, en un vaso de barro lo que vale es su contenido. Somos vasos de barro, creados por la Palabra de Dios; a Dios no le interesó hacernos de otro material, para que nuestro valor fuese por lo interior, no por lo exterior. Dios no te escoge por lo externo, siempre seremos barro, y mientras más claro lo tengamos, más excelente será ese poder. Lo que nos hace diferentes es el grado de responsabilidad ante Dios. Cada vez que sea criticado, derribado o perseguido, sabrá cuán de barro es y Dios busca vasos de barro para que la gloria sea de Él.

Nadie entenderá su llamado, sino solo el que lo recibe y tenemos que entender que somos canales, no fuentes; de esta forma, en humildad permitimos que Dios dé vida a través de nosotros y de nuestro ministerio a todos los que toquemos. De manera que, el error más grande de alguien que sirve en algo a Dios, o un líder, es pensar que lo tiene todo para hacer las cosas independientes de Dios. ¡No somos independientes de Dios! No podemos sin Él, ni sin su ayuda, y debemos reconocer con humildad que le necesitamos.  Hay un riesgo alto en quienes piensan que lo tienen todo y se hacen independientes de Dios, y generan su propia habilidad para hacer las cosas sin Él. Ese es el camino que he decidió seguir, el de la dependencia absoluta de Dios. Este camino no es para cobardes, sino para valientes, y aunque el camino de la fe no es fácil, sino complicado y complejo, en el que muchas veces vemos la intervención de Dios casi al final, es el camino que debemos seguir. Lo único que cuenta al final del día es la Palabra de Dios, aquello con lo que Dios tiene un compromiso, es decir, con lo que Él dijo; así, Dios vendrá de camino e intervendrá a nuestro favor, de manera sobrenatural. Por ello, seguiremos adelante, confiados en que este país va a conocer y amar a Jesús. Así que, seguiremos hablando de Jesús y mostrándole con acciones a la gente. Finalmente, creo que lo entendí, somos un ministerio de amor, humildad, fe; errores, los tenemos, pero para esto vinimos a esta tierra, a servir y lucharemos por traer a Jesús a este país.