“Lo que la Biblia dice que es Reino”

“Reino”, no es solamente un concepto, es un fruto que se ve en la vida de las personas. Hay gente dentro de la Iglesia cristiana que piensa que el Reino de Dios es solo para el cielo, y no corresponde al ámbito terrenal, pensando entonces que, debemos esperar morir y llegar al cielo para disfrutar lo que Dios tiene para nosotros, no entienden lo que Jesús vino a hacer a la tierra. Existen algunos beneficios que trae el Reino, como sanidad, liberación, prosperidad, pero que no son Reino, son añadiduras, y la Iglesia fue tras esas cosas, y por ello, perdió el Reino, por ende perdió poder, dominio y gobierno.

 Alguien le entregó el Reino a Satanás, ese fue el primer Adán. Dios no le dio a Adán una religión, le dio el Reino. Cuando pecó, no perdió la religión, perdió el Reino. Satanás estuvo ejerciendo autoridad hasta que apareció Jesús, y en la cruz tomar las llaves de la autoridad y entregárselas a la Iglesia, la cual es su Cuerpo. La Biblia no es un libro religioso, es un libro que habla de la restauración de un Reino, y Jesús vino a traer ese Reino; cuando Él comienza su ministerio en esta tierra, lo hace hablándonos del Reino, diciéndonos: “el reino de los cielos se ha acercado”.

Cuando los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar, Él les dijo, háganlo de esta manera: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino”. En los cielos el reino de Dios ya está establecido; ahora, debemos orar para que se establezca en la tierra, y se haga aquí su voluntad como se hace en los cielos, entonces ese reino es también para la tierra. Reino no es que la gente venga al templo, sino que el templo vaya a la gente. Jesús dejó todo para acercarse al hombre, por eso el Reino va a ir a la televisión, a la política, a las calles, va a leudar la masa. El Reino no se esconde, sino que conquista.

Génesis 1:26: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”.

El versículo en su primera parte dice: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen”, imagen es carácter, forma de ser, naturaleza, cualidades morales; Dios diseñó al primer hombre para que se pareciera a Él en carácter. La prueba de que somos la imagen de Dios, de que somos hijos, es que Él pago el precio por nosotros en la cruz. Tenemos la imagen de Dios dentro de nosotros. El verso continúa diciendo: “conforme a nuestra semejanza”; cuando habla de semejanza se refiere a lo que está en el interior, con lo que somos en lo interno, nos dio ADN espiritual. Dios nos otorgó su imagen y semejanza con un propósito, la Biblia expresa: “y señoree en los peces del mar”; “señorear” quiere decir reino, gobierno, dominio, y el Señor dio ese dominio para que traigamos su Reino a la tierra, para gobernar lo que Él creo.

Fuimos diseñados por Dios para gobernar la tierra. Cuando tienes imagen y semejanza de Dios, debes tener Reino, no necesitas ningún intermediario porque eres hijo de Dios. El verso concluye diciendo: “y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”; pero allí falta algo, una cosa Dios no le dio al hombre para que gobernara, y es, al mismo hombre. No fuimos diseñados para estar gobernados por otro hombre. Jesús no vino a gobernar de forma tiránica, ni controladora, lo hizo sirviendo.

Isaías 9:6-7: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”

El que tiene Reino, tiene poder, y va a prevalecer. Dios te llamó a ser cabeza y no cola, a estar arriba, no debajo. Jesús no vino a ser gobernado, sino a gobernar, a traer el Reino de los cielos a la tierra. No puede haber un Jesús Rey sin Reino, territorio y familia. Fuimos llamados a gobernar, a ser cabeza y no cola, a estar encima y no debajo conforme a su Palabra.