Libre de culpa y condenación

El Dios nuestro no da por perdido a ninguno de sus hijos por un error o un pecado, Él es el Dios de las segundas oportunidades, no solamente está dispuesto a borrar nuestros pecados por medio de la sangre de Cristo en un arrepentimiento que tengamos en el corazón, sino que está dispuesto a limpiar el efecto nocivo del pecado que es la culpa y la condenación, que nos impiden vernos como una persona que puede servir a Dios en su máximo potencial.

Hay gente que se está sintiendo menos, pero la Biblia está llena de grandes hombres y mujeres de Dios como Moisés, Elías, Pedro y Pablo que pecaron, y su pecado no fue pequeño. En la historia de sus vidas podemos ver como Dios les restauró, levantó y limpió; a través del arrepentimiento Dios les dio otra oportunidad. La gran lección para Satanás cuando busca destruir una vida por medio de un error, falla o pecado es que Dios levanta a su hijo y lo usa de una forma mayor que antes de esa caída.

Hay sangre para redimir de todo pecado a los hijos de Dios, recordemos que no somos la falla y el pecado que cometemos. Una vez que creemos en Cristo nuestro corazón rechaza toda actitud de pecado que comienza con orgullo, y en esa actitud de no sentirnos cómodos con lo que hemos hecho podemos ver que hay un Espíritu Santo obrando que no nos deja estar tranquilos con la falta cometida. Si hemos pecado la Biblia dice que tenemos abogado para con el Padre y la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado.

1 Juan 2:1: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.”

Salmos 51:17: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”

El peor error del ser humano es dejar a Dios y alejarse de Él; este es el gran síntoma del pecado porque la condenación nos hace pensar que Dios se ha alejado de nosotros y nos desecha, pero la Biblia dice que a un corazón contrito y humillado no lo rechazará Dios, que el que viene a Él con el corazón correcto le recibirá con los brazos abiertos porque Él no vino al mundo a condenarlo.