Liberación espiritual en el matrimonio

Génesis 3:1-6: “Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”.

 La primera mención de Satanás en la Biblia es en forma de una serpiente astuta, y el primer trabajo en el que se manifiesta desde Génesis, es específicamente para destruir un matrimonio cuyo diseño fue establecido por Dios. Ahora bien, cuando Dios crea al hombre, lo crea a su imagen y semejanza, y lo une con la mujer; a ambos los bendice, les da autoridad y un diseño espiritual. Importante señalar que, fue tal la unión de ellos que, cuando Eva llega hasta Adán, él la reconoce como hueso de sus huesos y carne de su carne, y dice la Biblia que ya no fueron dos, sino uno solo.

Es necesario que entendamos que, ante todo lo que Dios crea, siempre vendrá el ataque del enemigo para intentar destruirlo, él siempre va a tratar de estar en el medio para causar confusión. Por ende, es importante que permanezcamos con nuestros sentidos espirituales muy despiertos para conocer estos ataques, porque si descuidamos esta verdad espiritual, no vamos a poder discernir cuando vienen estas influencias del mal. Nuestra lucha no es contra carne y sangre; los flagelos de divorcio e infidelidad, rencor, pleito y división en la familia, tienen un origen espiritual. Satanás es experto en presentarse de una forma en la que no lo reconozcamos como un ente espiritual, para que de esta manera, las parejas terminen acusándose el uno al otro. Y si no traemos la luz de Jesús, la revelación de la Palabra y del Espíritu Santo, seguirán habiendo manifestaciones en las que llegará el momento en el que la familia no sabrá de dónde vienen esos problemas.

El enemigo quiere entrar dentro del hogar para traer opresión espiritual (pecado, rebelión y desobediencia), y él no se presenta como ese ente espiritual que conocemos por la Biblia, sino en una manera común para que no lo confrontemos. Entonces, usa algo a nuestro alrededor, pero el principio espiritual es que el enemigo está influenciando a algo o a alguien para traer una opresión espiritual sobre nuestra casa. En el caso de Adán y Eva, fue en forma de un animal que se paseaba constantemente por el lugar en el que ellos se encontraban, del cual no tenían desconfianza porque lo estaban mirando naturalmente, pero resulta que cuando el enemigo entra en aquella serpiente, ella deja de ser un animal, y se convierte en un ente espiritual para atacar el hogar. Constantemente debemos pedirle al Espíritu Santo que nos revele la atmósfera espiritual de las personas que se acercan a nuestra casa, si no hacemos esto, podemos estar coqueteando con la serpiente, quien es muy astuta.

Importante destacar que, Dios siempre dio libre albedrío para que le obedezcan por amor y no por obligación. Así debe ser en la relación de esposo y esposa, deben enamorarse tanto, que siempre haya una decisión entre el uno hacia el otro de amarse, servirse y obedecerse. Entendamos que, somos nosotros los que elegimos nuestro camino, según el fruto que buscamos; revisemos qué está buscando nuestra alma, porque de tanto mirar el fruto incorrecto, lo codiciamos y terminamos buscándolo. ¡Cuidado con lo que miramos! Si miramos a Jesús, buscaremos su fruto todos los días y quedaremos tan satisfechos, que no buscaremos el fruto de la rebelión para saciar nuestra alma.

Después de que el hombre y la mujer pecaron, y estaban desnudos, Él les hizo túnicas de pieles, y los vistió. Dios los mira, los ve caídos, desobedientes, manchados por el pecado, y es allí donde hace algo profético (agarra un animal y lo sacrifica para vestirlos diferentes a como estaban vestidos). Ellos se habían vestido de desobediencia, pero Jesús hizo túnicas de pieles, y un sacrificio de sangre. En la debilidad Dios no los dejó desnudos, sino que los vistió de gracia, de Jesús, les colocó una protección para que el diablo viera, que estaban bajo su protección y gracia.

Dios no nos va a dejar desnudos, en vergüenza, y sin bendición, Él nos va a vestir en la debilidad, nos va a ayudar a levantarnos, restaurarnos y a que tengamos una nueva oportunidad para que podamos cumplir el plan de Dios. Pero, todo esto nos debe llevar a que el día de mañana reconozcamos que fue la gracia de Dios la que nos llevó hasta ese lugar, y que en el momento de debilidad, ella fue suficiente. ¡Aunque no lo merezcamos, seremos vestidos de Jesús! Hay una nueva oportunidad para nuestro matrimonio, para nuestro hogar. Hay una nueva oportunidad para sacar al enemigo de nuestro hogar y dejar entrar a Jesús, el cordero de Dios, del cual debemos estar vestidos todos los días de nuestra vida.