“Leyes espirituales para prosperar”

2 corintios 9:8-9: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre.”

La prosperidad de Dios gira en dos grandes principios que podemos usar para nuestro progreso en la vida; el primero, la gracia de Dios, que trata con todas aquellas cosas que no podemos lograr en nuestras fuerzas, pero tenemos a un Dios que imparte sobre nuestras vidas amor y favor para obtener su bendición. El segundo, obediencia a los fundamentos de la Palabra de Dios, cuando estas cosas están en perfecta armonía, hay una explosión de abundancia que rompe los límites de este mundo. El sistema está diseñado para oponerse a la obra de Dios, por eso debemos vivir en su Reino a través de estos principios.

Proverbios 10:22: “La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.”

La prosperidad de Dios trae paz a nuestras vida y lo que va a revertir el ataque del maligno en el área financiera son los fundamentos bíblicos que tengamos. Se está abriendo una brecha de bendición, de posibilidades y entendimiento para conquistar la prosperidad, porque Dios nos está preparando para una gran lluvia de bendición, por lo que no debemos estar condicionados a los límites que nos impone este mundo, rompiendo el cerco de pobreza que el sistema nos quiera imponer. En el Reino de Dios no hay crisis, hay abundancia y bendición, por lo que no nos podemos entregar a un espíritu de conformismo ni caminar en un espíritu de miseria, porque nuestro Dios es más grande que los límites que el enemigo nos quiera poner.

Tenemos que vencer las ataduras de la religión en cuanto al tema de la prosperidad, por eso debemos internalizar y meditar en la Palabra de Dios en esta área, para que sepamos responder bíblicamente ante los dardos del enemigo. Dios siempre estará interesado en hacernos sobre abundar financieramente, y aunque no hayan muchas posibilidades para lograrlo, tenemos a un Dios grande para hacerlo posible. El miedo y el temor se vencen con el conocimiento de la sabiduría de Dios, por eso debemos conocer lo que Él es.

El Dios que nosotros tenemos es poderoso para hacer todas las cosas, y las hace en abundancia; no nos dejemos robar la imagen de hijos de Dios que tenemos. El hecho de que en este momento no veamos materializada la bendición, no nos debe quitar esa imagen.

  1. Tenemos un padre bueno que desea prosperarnos. Debemos conocer el deseo de nuestro Padre, una de las cosas que hizo Jesús al venir a la tierra fue revelar el carácter de Dios como un Padre bueno que nos ama y desea lo mejor para sus hijos.

Mateo 7:9-11: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”

El que conoce el carácter de Dios se enriquece, porque la riqueza y la gloria proceden de Él, en Dios está el poder de bendecir a quien Él quiera. Satanás odia nuestra prosperidad, y  hay gente a la que él sabe que no les puede robar su salvación, por eso busca verlos con espíritu de mendigo. El origen y la raíz de la escasez es espiritual y Satanás conoce el peligro que representa un hijo de Dios que le sirve con sus riquezas, porque cuando tenemos un corazón recto y generoso las riquezas nunca serán nuestro dueño, ya que conocemos la Palabra y no nos dejamos controlar, ni dominar por ellas. Cuando tenemos la autoridad del cielo, no solo ordenamos que las riquezas vayan a donde tienen que ir, sino que las llamamos y vienen, porque tenemos autoridad cuando estamos bajo autoridad.

  1. Debemos creer que esta es la voluntad de Dios para nuestra vida. Prosperidad, es tener éxito sostenido en todas las áreas de nuestra vida. La voluntad de Dios no es solo para saberla, es para vivirla, no nos dejemos dar forma en la mente por las ideas de este mundo.

Santiago 1:17: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”

  1. Reclama el poder de la bendición sobre tu vida. Dios da algo y lo da bueno, lo da perfecto y agradable, y lo mejor de esto es que Dios no cambia. Cristo Jesús es garantía de bendición, tenemos que saber que somos benditos de Dios, todo aquel que está en Cristo es heredero y tiene derecho legal sobre esta bendición, porque somos herederos de la bendición de Dios.
  1. Activa la ley de progresión

Job 8:5-7: “Si tú de mañana buscares a Dios, y rogares al Todopoderoso; Si fueres limpio y recto, ciertamente luego se despertará por ti, y hará próspera la morada de tu justicia. Y aunque tu principio haya sido pequeño, tu postrer estado será muy grande.”

Demos la primicia a Dios de nuestro tiempo, cada día debemos tener un deseo y una acción de superarnos como personas, como hijos y siervos, ir creciendo paso a paso sin estancarnos ni retroceder. No podemos quedarnos en el mismo lugar toda la vida, no importa los pasos que tengamos que dar, la ley de progresión espiritual en Jesús,  nos lleva  de victoria en victoria y de gloria en gloria.

  1. Dios nos da un terreno firme para poder sembrar la semilla de nuestra cosecha

Los pobres y los padres son un buen terreno para cosechar, mientras que el buen terreno para los esposos son sus esposas. No esperemos tener mucho para dar, honremos con lo que Dios nos ha dado.

  1. Debemos tener fe en el poder de la semilla

Creamos en el poder de la semilla, ya que ninguna cosecha viene sin una buena semilla, rompamos los límites.

  1. Las peticiones de la obediencia activan la provisión

Oír y obedecer activan nuestra provisión.

Deuteronomio 28:1-2: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios…”