Levantando una casa de oración

Isaías 56:7: “Yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos”.

Llega un momento en que la oración, por la gracia de Dios, pasa de ser un ritual o un deber, en un deleite. La idea de Dios siempre ha sido que su casa de oración sea un lugar de encuentro y de placer, y que no sea vista como una carga o una simple disciplina. Es tanto el deseo de Dios de estar con nosotros en oración, que Él mismo dice: yo los voy a subir a ese monte, indicando esto que, la casa de oración de Dios siempre será un lugar de santidad. El que ora puede caminar con tranquilidad en santidad, porque el monte de oración es el monte de la santidad de Dios.

Subir al monte de la oración no es fácil, por eso Dios nos da su gracia, para con ella llevarnos al lugar en el que habita. Dios se deleita con nosotros cuando le buscamos en oración. La oración es comunión íntima con Dios, es llenarnos de Él y conocerle más, es que Dios pueda verter todo lo que Él es en nosotros. Una casa, si no es casa de oración, no es su casa. Nosotros somos la casa de Dios, su templo y morada, y Él quiere que podamos recrearnos en Él por la oración, y allí, impartirnos su gracia y santidad.

Mientras más nos relacionamos con Dios, más podemos caminar en santidad, porque la santificación es parecernos a Él por medio de la comunión. Mientras más nos relacionamos con Dios, más morimos a nosotros mismos y más vivimos para Jesús. Dios nos santifica mientras oramos. Subir al monte de oración no es fácil, pero una vez que llegamos a ese lugar y empezamos a deleitarnos con Dios, empezamos a disfrutar su santidad. Cuando subimos al monte Dios somos habilitados para vencer cualquier circunstancia que podamos atravesar.

Mateo 21: 12-13: “Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”.

Dios acepta nuestros sacrificios si nos deleitamos con Él en oración. Estamos en tiempos proféticos de Dios, pero la única manera de conocerlos es por medio de la oración, es a través de ella que Dios nos dice los acontecimientos que vienen a la Tierra de su mano. Dios tiene un plan con Venezuela; y los que oran, lo van a conocer. La oración levanta un edificio en nuestra vida, pero la falta de oración lo destruye. Nuestra oración tiene el poder de edificar un edificio estable, y por lo que oramos, no se cae jamás.

1 Corintios 3: 12-13: “Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará”.

Todo lo que nosotros edificamos, nos guste o no, será probado por el fuego, y hay dos cosas que nos van a mantener firmes: la fe y la oración. Si algo está fallando en nuestras vidas, es hora de fortalecer la oración. ¡La oración nos da la fe que necesitamos para creer por nuestro milagro!