“Las cosas que la fe ve”

Si crees en tu corazón, verás la gloria de Dios, pues no es ver para creer, es creer para ver, no podemos seguir sometidos a lo que vemos y oímos, debemos creer en lo sobrenatural. El Dios en el que hemos creído es sobrenatural, Él tiene poder sobre la enfermedad, sobre la debilidad y sobre nuestras limitaciones.

Marcos 9:23: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible.”

La palabra “sobrenatural” indica que Dios es más grande que tu problema, más grande que tu pecado, más grande que tu enfermedad.

Isaías 49:19, 24, 25: “Porque tu tierra devastada, arruinada y desierta, ahora será estrecha por la multitud de los moradores, y tus destruidores serán apartados lejos. ¿Será quitado el botín al valiente? ¿Será rescatado el cautivo de un tirano? Pero así dice Jehová: Ciertamente el cautivo será rescatado del valiente, y el botín será arrebatado al tirano; y tu pleito yo lo defenderé, y yo salvaré a tus hijos.”

La fe siempre va a contradecir lo que vemos, ese es nuestro Dios sobrenatural, un Dios que contradice lo que se ve, que llama lo que no es como si fuese.

1 Corintios 2:14: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

Dios creó las cosas en el plano espiritual primero, aquellas que no se pueden percibir con los ojos. Lo que Dios ha dicho y ha creado en el mundo espiritual, no se puede discernir en lo natural, sino espiritualmente.

Efesios 1:3: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.”

Hay cosas que los ojos no las pueden ver, pero si el hombre interior logra verlas, podremos obtenerlas. Dios primero creó el espíritu del hombre y luego el cuerpo, nuestro hombre interior fue primero, es el origen. Es poderoso cuando creemos con el hombre interior, por ello, no oremos ni creamos con el hombre de afuera, sino que hagámoslo con el hombre interior.

2 Corintios 2:1-5: “Esto, pues, determiné para conmigo, no ir otra vez a vosotros con tristeza. Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que me alegre, sino aquel a quien yo contristé? Y esto mismo os escribí, para que cuando llegue no tenga tristeza de parte de aquellos de quienes me debiera gozar; confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros. Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas, no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuán grande es el amor que os tengo. Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado a mí solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos vosotros.”

La garantía de nuestro éxito es Dios, no confiemos en nuestras fuerzas, en nuestras habilidades, en las capacidades humanas, confiemos en Dios y en su Palabra que es eterna. Nuestro potencial no podremos desarrollarlo aquí en la tierra sin oración, pues la única forma de hacerlo es trayendo el Reino de Dios a nuestras vidas, que venga su Reino y se haga su voluntad aquí en la tierra como en el cielo. La fe nos va a hacer ver lo que nuestros ojos humanos no pueden ver, ella contradice la realidad.

No dejemos que nuestra naturaleza nos diga que podemos y que no podemos hacer, el verdadero león que hay en nosotros no está afuera, sino adentro y así como un león no puede explotar su máxima capacidad fuera de su hábitat natural, nosotros no podremos alcanzar nuestro potencial en el plano natural. La fe solo opera en el ámbito de la Palabra, si estamos creyendo en cosas que están fuera de la Palabra, no las vamos a obtener y si creemos la Biblia con el hombre exterior, solo será letra muerta.

1 Corintios 2:10-12: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.”

Solo conectándonos con lo espiritual, podremos saber lo que Dios nos ha concedido. La oración pide que llueva, la fe hace que llevemos un paraguas.

Números 13:26-27,30-33: “Y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a ellos y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra. Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos.”

El que no tiene fe se siente menos, se mira pequeño, así se mira el hombre natural, olvidando lo que es en Dios. La fe te hace ver cosas que el hombre exterior no ve, el incrédulo no podrá poseer lo que está en el mundo espiritual, la fe proviene del hombre interior, es ahí donde se obtienen las cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón del hombre, la fe no te hace ver gigantes, sino oportunidades de ganar. Dios va a cambiar tu situación, imagina, sueña, con el hombre interior y convence al hombre exterior de lo que Dios va a hacer.

Muchas cosas que nos están pasando tienen su origen en lo espiritual y se deben pelear a través de las armas espirituales, con la fe y con la oración. Necesitamos desconectarnos del hombre exterior y conectarnos con el hombre interior. A Dios le gustan los escenarios imposibles, cuando el hombre dice que no se puede, cuando parece una locura, entonces es ahí cuando Dios actúa y demuestra su poder.