“La sangre preciosa de Cristo”

1 Pedro 1:17-21: “ Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,  ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.”

Sin sangre no puede haber vida en el cuerpo físico, porque la vida de la carne está en la sangre; de esa misma manera encontramos desde Génesis hasta Apocalipsis la revelación del fluir de la sangre de Cristo como un tema central que le da vida al cristianismo. Sin esta revelación el evangelio no tendría vida, y no podríamos gozar de la redención con la que Cristo nos hizo libres, en la sangre está la vida del creyente. Si antes los hombres eran redimidos, reconciliados y perdonados por Dios, por medio de la sangre que se derramaba de animales como machos cabríos y toros, cuanto más serán perdonados por el sacrificio de Cristo, quien se ofreció como el sacrificio perfecto al Padre y por su sangre derramada hemos sido perdonados y redimidos de toda maldición y de todo pecado.

Nuestra vida es vana sin el poder de la sangre de Cristo; y por medio de esa sangre el apóstol Pedro nos hace saber que hemos sido rescatados del pecado, de una vana manera de vivir. El rescate que Cristo hizo por nosotros tiene mucho valor y son pocos los creyentes que profundizan en la revelación de la sangre de Cristo, por eso vemos deficiencias en ellos, porque todo el fundamento para que tengan una estructura sólida de su identidad en Cristo, viene de la revelación que tengan de la sangre de Cristo, de esa obra que continúa vigente porque la sangre no fue un hecho histórico, es un evento que está vigente para nuestras vidas, ella sigue operando y fluyendo por todo el cuerpo de Cristo.

Nuestra vida tiene propósito por medio de la sangre de Cristo, no es simplemente un propósito material sino espiritual, esa sangre ha sido el mayor regalo y el más maravilloso que el Padre le ha dado a la humanidad. Sin la revelación de la sangre de Cristo se pierden los beneficios de la redención, sin esta revelación estamos expuestos al engaño de la condenación y la culpa, pero por medio de la sangre de Cristo los efectos de la culpa no llegarán a nosotros, porque a través de ella Jesús dice: “Mi hijo eres tú”. La sangre de Cristo nos habilita para entender que podemos ser un instrumento en las manos del Dios vivo, y no nos iremos de esta tierra hasta cumplir todo el llamado que Dios tiene para nosotros, porque por su sangre hemos sido justificados. Antes éramos esclavos del pecado y la maldad pero vino Jesús a pagar un precio altísimo, por eso se llama sangre preciosa, sangre de mucho valor que empezó a reconciliarnos con Dios, de quien nos sentíamos lejos, ese es uno de los efectos de la sangre de Cristo, que reconcilia y aunque pecamos no nos abandona.

En el momento que la sangre nos perdona, nos viste de vestiduras santas y Jesús nos justifica, y lo que la sangre limpia el Espíritu lo llena. Cuando estamos bajo el poder de la sangre amamos la santidad, la pureza e inocencia. Todo el que es habilitado por la sangre del cordero tiene el poder para ser ministro del nuevo pacto, y aunque vengan dificultades, la sangre de Cristo nos ayudará a vencer hasta el fin.