“La Sangre del Pacto”

Nosotros accedemos al Nuevo Pacto mediante la sangre de Jesús, por lo cual no podemos sustituir su sangre por las doctrinas porque estas no santifican ni salvan a nadie, solo la sangre de Cristo puede hacerlo. El pacto de la gracia hace imposible vivir por ley, el Nuevo Pacto no es para pecar, es para santificarse. No podemos ser santos por nuestros propios medios, solo podemos ser santificados por medio de la sangre de Cristo.

Levítico 11:44: “Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra.”

Nuestra santidad no depende de nosotros,  sino de Dios. Mientras más estemos relacionados con Él seremos santificados, no solo por guardar los mandamientos. En el Nuevo Testamento, Jesús deja claro que la santificación es por medio de la fe en su sangre, no por medio de buenas obras para que nadie se gloríe. Hay muchos que se van de las congregaciones porque no se creen dignos, gracias a líderes que se encargan de condenarlos y no les hablan del arrepentimiento por medio de la sangre de Cristo.

Jesús le quitó la llaves del infierno a Satanás para asegurarse que los creyentes no entren a ese lugar, no obstante Satanás creó un sistema religioso para encadenar y limitar a la iglesia, con una estructura que no tiene la sangre de Cristo, entonces no hay santificación, salvación y redención, por ende no hay Nuevo Pacto porque la sangre es su firma y sello.

Romanos 3:23-28:por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,  siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.”

Jesús no murió en la cruz para llevarnos al cielo por medio de la Ley. Si creemos en Él para ser salvos, también debemos creer en su sangre para mantenernos en esa salvación. La gente piensa que  asistir iglesia le alcanza para ser justos toda la semana, pero eso no nos justifica, solo la sangre de Cristo puede hacerlo.

Colosenses 2:13: “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,”

Hebreos 9:13-14: “Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”

Antiguamente, el pueblo se santificaba por medio del sacrificios de sangre animal, pero eso era la sombra de lo que habría de venir, cuando apareció Jesús no debía rociarnos su sangre, solo bastaba  creer en ella e inmediatamente somos santificados, justiciados y elevados a la dignidad de un hijo de Dios al ser sentados en lugares celestiales.

La sangre de Cristo santifica nuestras conciencias y mentes de pensamientos de inferioridad. No vamos al cielo por lo que hicimos, sino por la fe en Jesús, en su nombre y en su sangre, esos nos coloca en igualdad, tal como dijo Jesús “el que quiere ser el mayor, sirva”. Este evangelio es sencillo donde todos pueden ser incluidos. Jesús pagó nuestra redención con su sangre, nadie se sienta inferior; tu dignidad no depende de lo que la gente hace por ti, sino de lo que Jesús pagó por ti, cada persona tiene un alto valor para Él.