La Revelación de Jesús “Jesús es Señor de todo”

Marcos 2: 23: “Aconteció que al pasar él por los sembrados un día de reposo, sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas. Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en el día de reposo lo que no es lícito? Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él y los que con él estaban; cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban? También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.”

Jesús establece un principio: todo lo que tenemos como doctrina no es más importante que el hombre. El problema es cuando circunscribimos al ser humano y le juzgamos según las normas y doctrinas religiosas. Había quienes seguían a Jesús porque le escuchaban, pero otros para vigilarlo y criticarlo. El que critica siempre es alguien que es incapaz de percatarse de sus propios errores, pero hábiles para ver los defectos en otros. Jesús explica, ante el prejuicio de los religiosos de la época, el caso de David, que entró al Templo – contraviniendo las leyes judías – y con hambre comió de los panes sagrados, llamados “de la propiciación”. Caminó con determinación hacia los panes para dárselos a su ejército. Aun cuando de estos panes no comían ni los sacerdotes, al hacerlo David, no trajo ninguna maldición, ni sobre él, ni sus hombres. El religioso, que solo busca condenar, no ve nada que justifique, así como no lo vieron entonces cuando juzgaron mal a los discípulos de Jesús por comer espigas en día de reposo, siendo para ellos más importante guardar este día que el hombre mismo. Pero, Jesús es Señor de todos.

Es fácil para un hombre o un líder desecharte y menospreciarte porque él no ha muerto por ti, pero Jesús sí murió por ti y es incapaz de despreciarte. El hombre es más importante que cualquier religión o cualquier mandamiento. Jesús dijo; “Toda la doctrina fue hecha por el hombre, pero el hombre no fue hecho por la doctrina”. Esto no es humanismo, sino cristianismo. Jesús vino al mundo a morir por el pecador. Si esto es así, ¿cómo es posible que vayamos por la vida rechazando y matando gente con nuestras palabras y acciones? Lo correcto es que salvemos a todo aquel que podamos; es importantísimo mostrarle a esa gente que Jesús vino a salvarla, a través de nuestro servicio y nuestro amor. Jesús derramó su sangre por todos. Jesús prefiere salvarte, para Él es más importante el ser humano. Así les respondió a los religiosos que el día de reposo fue hecho por causa del hombre y no el hombre por causa del día de reposo. Se sirve a Jesús, ayudando al ser humano. Jesús vino a morir por el pecador, entonces, ¿por qué voy a rechazar a otros, debido a diferencias de normas o doctrinas? Es importante mostrar que Jesús vino a servir a la gente, no solo a hablarles, sino a ayudarles. No es nuestro trabajo convertir a la gente, esto lo hace el Espíritu Santo. Queremos que este país conozca y ame a Jesús, y la mejor manera para que la gente lo haga, es a través de la predicación y el servicio.

Mi trabajo es predicar y servir; no puedo convertir a las personas – esto es solo obra del Espíritu Santo –. Debe haber en mí un canal para bendecir a la gente. Queremos que este país conozca y ame a Jesús. No podrá amarlo si no lo conoce, y la mejor forma de mostrar y dar a conocer a Jesús, es servir con amor a la gente. El Espíritu Santo nos capacita para predicar, pero de la salvación se encarga el Señor. Mi única responsabilidad debe ser predicar para salvación. Buscamos que el hombre abra su corazón al conocimiento de Dios a través de personas que tienen el conocimiento de Jesús.

El Jesús que la gente va a conocer, es el que usted proyecta al salir de la iglesia. A Jesús le preocupa la imagen que nosotros damos a las demás personas acerca de Él, pues la gente pensará de Él que como nosotros lo demos a conocer por medio de nuestras acciones y actitudes. Las doctrinas, las normas y los mandamientos no cambian a nadie, el único capaz de hacerlo es Jesús. Él no necesita de dogmas y doctrinas para salvar al ser humano. La Biblia dice que todo aquel que en Él creyere, no se perderá sino que tendrá vida eterna. Esto significa que Él le ganó a usted, no al revés.

Marcos 3:1-6: “Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano. Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle. Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban. Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana. Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle.”

Como entonces, si Jesús entrara en el corazón de aquel que está tan apegado a los dogmas y normas, esa persona no lo reconocería y le diría: “Hágame un favor, y sujétese a la doctrina”. Así sucedió muchas veces cuando Jesús entraba en las sinagogas, y los religiosos de su época de encargaban de vigilarlo para ver con cuál razón o por cuál motivo podían juzgarlo y criticarlo. A Jesús lo vigilaban porque sabían que Jesús sanaría a ese hombre. Estos religiosos sabían que Jesús podía sanar a ese enfermo, y aún así, no quisieron imitar su forma de vivir y ser como Él. Lo que preocupaba a estos hombres, era que Jesús rompiera la “sana doctrina”. Como este hombre de la mano seca, algunos conocen a Jesús en su peor momento, y cuando su situación mejora, le dan la espalda. Las doctrinas, mandamientos y normas no cambian a nadie, solo Jesús transforma los corazones.

Jesús entró a esta Sinagoga donde había un hombre con la mano seca a quien no le faltaría quien lo juzgara por su condición – este hombre vio a Jesús y Jesús al hombre – gente en el Templo vigilando a los que están en el Templo, en lugar de buscar a Jesús. En cambio los que tienen “manos secas” y otras necesidades, en sus peores momentos, van al templo a buscar a Jesús. De esta forma, así como en el caso de la parábola de los obreros que recibieron la paga por su trabajo de acuerdo a lo convenido, tanto los que iniciaron temprano como los que lo hicieron tarde recibieron el mismo pago, así Jesús, lo que da, lo da por lo que Él es y no por lo que nosotros nos ganamos.

Dios es Dios; Jesús es Señor de todo, y Él puede hacer lo que quiera. Dios es tan sencillo y práctico, y muchos en la iglesia cristiana lo han hecho tan complicado. Si a Él le place salvar a alguien, déjelo que lo salve. (Jesús tiene las llaves del Cielo y del Hades, y Él decide quién entra y quién sale). Él es la resurrección y la vida. Entonces, el que cree en Él, aunque esté muerto, vivirá, y tendrá vida eterna. Si Jesús es Señor, y el infierno ni la muerte no tienen autoridad sobre mi vida, ni siquiera yo puedo decir que algo me pertenece a mí únicamente; ni mi misma vida me pertenece, sino que le pertenece a Él. A Él se le dio un nombre sobre todo nombre.

El orgullo ha hecho estragos en la Iglesia cristiana, disgregándola en muchas religiones, pero Jesús lo que quiere es salvar a la gente. Jesús es celoso con la gente por su salvación; no podemos ser estorbo para que la gente sea salva, con una actitud de condenación, tratando de hacer que la gente se ciña a normas y doctrinas. Esto es algo que Jesús juzgará con severidad, pues Él fue quien murió por todos. Jesús llama al hombre de la mano seca y lo pune en medio, le dice que se levante, no para exponerlo a vergüenza, sino para poder hacer notorio su milagro. Así hace Dios con nosotros, nos levanta, nos pone en un lugar de relevancia, y aunque la gente quiere ver nuestro defecto, Jesús quiere exhibir nuestro milagro. Este hombre fue llamado, no por su perfección, sino por el contrario, por su imperfección. Dios dice: ¡Bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad! Jesús es especialista en sacar gente en desventaja hacia un milagro.

Asombrosamente, la religión, aunque sabía que Jesús podía sanar al hombre, no querían que lo hiciera, porque desafiaba sus normas religiosas. Este hombre corría el riesgo de ser execrado de su grupo por aceptar este milagro, pero no le importó, porque él estaba allí por Jesús, no por los demás. El milagro se hizo evidente ante todos, pero aun así, los religiosos, de manera sorprendente, salieron del Templo a conspirar contra Jesús. Cuando comiences a predicar y servir a Jesús, comenzarás a tener influencia y te buscarán, bien para oírte, o bien para criticarte y dañarte. Todo lo que tengas después de que Jesús llegue a su vida, ponlo al servicio de Jesús, pues Él es Señor de todo.

Este Evangelio no es para acusar, condenar, ni dañar a nadie, llénese de amor para hablarle a la gente de Jesús, deseando que Él venga a sus corazones, dejemos el sectarismo, pues esta salvación es para todos. Nuestro servicio a Dios, que pasa por la gente, no debe estar contaminado con sectarismo, sino lleno de amor, es un estilo de vida superior por el que la gente desee buscar y venir a Jesús.