La Revelación de Jesús “El impacto del mensaje de Jesús”

Juan 7:32: “Los fariseos oyeron a la gente que murmuraba de él estas cosas; y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para que le prendiesen”

En la Iglesia de hoy, hay mensajes sobre lo que la gente quiere oír: matrimonio, prosperidad, entre otros. Eso no está mal, pero no alimenta el espíritu de los creyentes, sino que por el contrario los convierte en pasivos, en creyentes que no comparten su fe con nadie más. No buscan influenciar con el mensaje de Jesús, pues han sido “anestesiados” por este tipo de mensajes. Una Iglesia que sólo piensa en lo que necesita y quiere, y no en lo que impacte a la sociedad para cambiar y venir a Jesús: Eso ha traído como consecuencia la proliferación de diversos flagelos en la sociedad.

Jesús entendía que su predicación y mensaje tenía que ver con el destino eterno de la humanidad y no con la necesidad de la sociedad por cosas vanas. Jesús siempre enseñó principios de eternidad. Nunca dio seminarios de cosas superfluas o vanas, por lo que el impacto del mensaje de Jesús siempre ha sido enorme: que impulsa al cambio no en la mente sino en el espíritu. El mensaje no debe ser cambiado, el mensaje siempre debe ser sobre Jesús, para que tenga influencia en el espíritu de su Iglesia.

No existe mensaje más importante que el de Jesús. Cada vez que una voz se levanta para hablar el mensaje de Jesús, la respuesta siempre ha sido igual: “hay que callarlo”. Pero si multiplicamos a los revolucionarios de Jesús, no existirá sistema religioso, ni otro, que pueda callarlos.

Juan 7:46: “Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!”

El sistema religioso debe prepararse para su caída, pues la “Revolución de Jesús” viene, para encender los corazones con el mensaje impactante de Jesús. Cuando las palabras del mensaje de Jesús vienen a los hombres, no va a su mente, sino a su corazón. El espíritu es el que da vida, no el dogma o la tradición religiosa, y el mensaje y la palabra de Jesús son espíritu y vida. La religión jamás será mayor que la misericordia y la bondad de Jesús

Jesús nunca predicó para atraer gente, sino para salvarla. Su mensaje siempre ha sido revolucionario y contra los formalismos y protocolos o intereses mundanos de la sociedad. Debe haber convicción en los creyentes en el mensaje de Jesús para que puedan cambiar e impactar a su entorno. Jesús nunca permitió que su mensaje fuera contaminado con lo que la gente quería, sino con lo que el espíritu de la gente necesitaba. Jesús no cedió en cuanto a lo que su mensaje debía ser, y se centró en lo que el Padre había ordenado que centrara el mensaje.

Al ser impactados por el mensaje de Jesús, debemos convertirlo en denuedo para predicar el Evangelio y cambiar nuestra nación. Debemos abrirnos a la manifestación de lo sobrenatural que pueda afectar el plano natural, pues hay una dimensión más real que la de la carne y es la del espíritu.

Los mensajes de la carne para nada aprovechan, pero cuando el espíritu genera un mensaje, se conecta con el espíritu y de allí sale el cambio en los corazones. Los mensajes del intelecto no cambian a nadie, son solo información. Pero cuando Jesús llega, su mensaje te salva del mundo, incluyendo la religión, los dogmas y las normas. El mensaje de Jesús te da esperanza de que el futuro es mejor que el presente y que no existe una vida más alta y llena de grandeza que servir a Jesús.

La voz de Jesús sigue sonando por todo este planeta y en todo el universo y sigue viajando en el tiempo, de generación en generación, y está a la búsqueda de la generación del avivamiento, y al final del día, Jesús va a prevalecer sobre el pecado y la muerte. Esa es la generación que hace que el Cielo se abra y el infierno se cierre. Y en este tiempo, el Reino de Dios viene, no a los más capaces, sino a los más obedientes.

Lo que activa tu fuente de agua de vida, no es la religión, o la ceremonia, o la disciplina evangélica, sino la fe en Jesús. Una vez que vas a Jesús, nunca más tendrás sed, sino que darás de beber a otros. Jesús nos ha dado una fuente de vida para que la compartamos con otros, y cuando todas nuestras fuentes de vida se unan, ríos de agua viva correrán por todos los rincones de nuestro país.