La Revelación de Jesús “El Espíritu Santo revela su paz”

Jesús dijo: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que yo les he dicho.” (Juan 14:26) En esta misma línea, sin cambiar a otra idea, continuó, diciendo: “La paz les dejo, mi paz les doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Juan 14:27) Con esta afirmación, Jesús conectó la paz  con el Espíritu Santo, y nos enseña que Él nos dio su propia paz. Es decir, la paz no proviene de  nuestro interior, ni de este mundo y mucho menos de las circunstancias, sino que es absolutamente espiritual.

La verdadera paz se experimenta aun en medio del caos, cuando esta es revelada en el corazón por el Espíritu Santo, y se manifiesta en medio de cualquier circunstancia y más allá de esta; por ella podemos esperar lo mejor, no importando lo que esté pasando a nuestro alrededor, porque en la paz de Dios tendremos la percepción de que lo que viene va a ser diferente y mejor.

Solo por el Espíritu Santo podemos recibir revelación de Jesús. Y es necesaria que esta revelación sea refrescada continuamente por el Espíritu Santo, sabiendo que esta revelación no es para que Dios haga lo que quiero, sino para nosotros hacer lo que Jesús quiera.

El Espíritu Santo se muda del cielo a nuestros corazones; es decir, Dios vive en nosotros. Lo que ocurre en tu vida, ocurre por el Espíritu Santo, Él te permite ver la grandeza de Dios en todo momento. Es importante saber que el Espíritu Santo es una persona, no una fuerza, corriente o humo.

Jesús está hoy a la diestra del Padre intercediendo por nosotros, pero el Espíritu Santo está en nosotros todos  los días, haciendo su obra, hasta el final. Él está por causa de Jesús, no por causa de nosotros, y está con nosotros por amor a Jesús y su sacrificio por la humanidad. No está por lo que somos nosotros, sino por lo que es Jesús.

La paz es un aspecto espiritual. Jesús la conectó con el Espíritu Santo, porque solo por medio de Él es posible experimentar la genuina paz. Todos necesitamos la paz, y ella solo deriva del Espíritu Santo. La paz no sale de nosotros, nunca saldrá del ser humano, naturalmente es imposible. Podrás entrar en quietud, relajación o en un estado de paz circunstancial, pero si el caos te asalta de repente, esa paz se perderá. La verdadera paz se experimenta en medio del caos, cuando la paz se revela por el      Espíritu Santo y se manifiesta en medio de cualquier circunstancia y más allá de ella, en esa paz puedes esperar lo mejor, y aunque se vea mal, saldrá bien.

Estar lleno del Espíritu Santo debe acarrear sus frutos; es experimentar la paz de Dios, más allá de toda lo aparente y circunstancial. No importa lo que esté pasando a tu alrededor, en la paz de Dios tendrás la seguridad de que lo que viene va a ser diferente a lo que hoy vives. La fe debe desarrollarse en la paz de Dios. La paz habilita la paciencia, te hace vivir esperanzado y confiado. Los que estamos en la fe de Cristo debemos mantenerla aun en los momentos difíciles. Los días difíciles nunca son anunciados, pero la fe te hace combatir los días difíciles, y cuando acaben, puedas estar firme.