La Renuncia de Jesús

Yo creo que sin la renuncia de Jesús, usted y yo no pudiéramos estar salvos. Jesús no estuvo en la tierra amando a la tierra, Jesús no estaba acostumbrado a la tierra. Se ve claramente que Él dejo su gloria en el cielo para venir a salvarnos. Eso se llama: “renuncia”. Cada vez que usted quiera aceptar, bendecir o ayudar a alguien, siempre que sea precedida por la renuncia, es de Dios; si no es renuncia, se llama egoísmo y el egoísmo se manifiesta cuando es nuestro deseo personal.

Hebreos 5-7: Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente”

Esto habla de la renuncia de Jesús. Esa renuncia comienza desde que Jesús vino a morir por los pecadores, mostrando que dejó Su gloria en el cielo, para venir a salvar al mundo. Jesús no dejo su gloria en el cielo para darle la tierra al infierno, la vino a salvar. Egoísmo es pensar que un pequeño grupo de personas es el único salvo. Esto hace que prediquen un Evangelio tan pequeño, que les hace creer a la gente que Él vino a llevarse a una gente que tiene un prototipo para vestirse o hacer ciertas cosas.

Cuando Jesús deja a su Padre y viene a la tierra en forma de hombre, siendo que todas las cosas por Él fueron creadas y por Él fueron hechas, indica que Jesús se humilla, poniéndose en un cuerpo limitado, un cuerpo de hombre en la tierra. Es como si usted pasara de ser hombre a ser lombriz, solo para salvar a su manada, hasta esa baja categoría. El hombre no es nada. La Biblia dice que es como la hierba que crece y ya no es. También dice que somos polvo, somos tierra. No hay razón para no comprender la renuncia de Jesús, que no puede ser empequeñecida, ni achicada; entonces, la renuncia que Jesús hace en el cielo es para salvar a muchos, no a pocos, como siempre nos lo han hecho creer.

Si no lo cree, entonces váyase al grupo de los Fariseos o santos de Dios. Fariseo, que significa “santo”, pero que ahora llega a significar “hipócrita”. Así les decía Jesús a los religiosos; a ese grupo que solo cree que serán salvos los que obedecen sus normas y su religión. Pero, no es así, el mayor grupo es de aquellos, que aun llenos de errores, son cargados de gracia, y la gracia los justifica por la sangre de Jesús.

Hay que evaluar la renuncia de Jesús. ¿A qué renunciaste tú? Lo que haya sido, tú renunciaste a lo malo, dejó de hacer cosas que lo dañaban, mientras que Jesús renuncio a su gloria, a su posición de primogénito de Dios. Jesús no dejó un pecado, no dejó un mundo consternado por el egoísmo, Jesús dejó su gloria. Usted puede dejar un mal lugar para ir a uno nuevo. ¿Quién no se va de lo peor a lo mejor? Pero, ¿quién se va de lo mejor a lo peor? ¿Quién se quita el zapato nuevo para ponerse el viejo? Tenemos que comprender el grado de renuncia de Jesús.

Jesús dejó su gloria para vivir a una vida llena de conflictos, humillaciones y la muerte más baja. Dice la Biblia que maldito el hombre que muere en un madero; esa era la muerte más baja de la época. Cuando yo entiendo la renuncia que Jesús hizo, comprendo que la renuncia que podamos hacer nosotros, no se compara con la Él hizo por nosotros. Pensamos a veces tan egoístamente, que creemos que Dios nos sirve a nosotros, no que nosotros le servimos a Él. Creemos que Jesús nos tiene que dar cosas por nuestro servicio. Sabemos lo que Él dejó para venir a la tierra para que tuviéramos vida, y vida en abundancia; no tenemos que enfocarnos en todo lo que Él nos da, sino en todo lo que ya Él nos dio. Cuando yo entiendo la renuncia de Jesús, se me va la queja.

Hebreos 5:8: Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia”.

Dice la Biblia, que siendo el Hijo de Dios, tuvo que probar su obediencia, ¡imagínese usted¡ Jesús nunca nos engañó, Él dijo: es necesario que a través de muchas tribulaciones entren al reino de los cielos. Uno no viene a esta vida a ser feliz, uno viene a esta vida para ser obediente, porque Jesús no vino a la tierra a ser feliz, vino a ser obediente.

Mateo 26:36: “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.

A Jesús le gustaba orar en el Getsemaní, y cuando los discípulos se le acercaron, Jesús, como hombre habla y les dice: mi alma está muy triste, porque ya él sabía que iba a morir; ya Jesús había leído sobre su muerte, que el Mesías iba a morir.

Mateo 26:38: Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo”.

Mientras que en Lucas dice: no se haga su voluntad sino la tuya. Leamos con detenimiento el verso 39: Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú”. El asunto es que no sabemos cuál fue el énfasis exacto de Jesús; por lo tanto, cuando Él ora, que dice: Padre mío, si es posible… no podemos saberlo, por la ausencia de la “coma” como signo de puntuación, en el original. Ahora, con el Espíritu Santo, si yo creo, lo veo, en Lucas 1:37: “Porque nada hay imposible para Dios”. Para Dios no hay nada imposible, Jesús le está afirmando a Dios Padre: “es posible, tú lo puedes hacer. Sobre las rodillas de Jesús, en el Getsemaní, se decidió tu salvación y la mía; no fue en la cruz, en la cruz se consumó, pero ese día, en el jardín, debido a la renuncia de Jesús y la aprobación por su obediencia a su Padre.

Una vez más, Jesús hace otra renuncia al decir: “Pero que no sea como mi voluntad, sino como la tuya”. Mientras que Jesús oraba y les decía todo esto, a sus discípulos no les importa y se pusieron a dormir. El Reino de Dios no avanza con críticos, no avanza con solidarios; ¡el Reino de Dios avanza cuando la gente quiere servir a Jesús hasta las últimas consecuencias! ¡Este país será cristiano! Si otras iglesias no lo quieren hacer con nosotros, no se preocupe, lo seguiremos haciendo, predicando, saliendo a la calle a buscar almas.

Debemos comenzar a renunciar, a hacer sacrificios. Si usted cree que su voluntad es buena, déjeme decirle que la voluntad de Dios es mucho mejor. Jesús les dice a sus discípulos: mi alma está muy triste, quédense aquí y oren. Cuando Jesús regresa, halla a sus discípulos dormidos; eran tres, pero Pedro siempre recibe los regaños- mientras Dios lo regañe usted, y mientras más lo discipline, es porque tiene planes muy grandes con usted -. Jesús le dice a Pedro: así que no habéis velado conmigo aunque sea una hora Mi servicio a Dios lo haré, aunque otros no lo hagan, no depende de otros, depende de Jesús.

Jesús da una declaración profética: la carne es débil. Otra vez fue y oró por segunda vez, y dice: “Padre si es posible, pasa de mí esta copa sin que yo la beba, quiero que se haga su voluntad”. Me voy a asegurar que cada cosa que suceda ahora tenga un propósito en la eternidad. Todo lo que pasa de aquí en adelante, usted no oye ni ve a Satanás; cada cosa que sucede de allí en adelante ni la ideología, ni el diablo podían meterse, en los planes que ya Dios tenía en la tierra.

Hay momentos en que cuando usted ore, verá la tranquilidad; pero habrá otros momentos, en los que, aunque usted ore y ayune, tendrá que pasar por las tribulaciones, pero el diablo no lo puede tocar. Quiso decir Jesús: lo voy a enfrentar pero quiero asegurarme que cada cosa que pase será tu voluntad y tu deseo para mí. Y por tercera vez, renuncia a vivir. La primera renuncia la hace de su gloria y del cielo; la segunda la hace de si vivir o morir; y la tercera, es cuando Jesús renunció a cómo debía morir, pero Él escogió el sufrimiento de una muerte humillante y maldita.

Mateo 26:45 “Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores”.

Sabe a lo que Jesús renuncia todos los días, renuncia a su deidad para interceder por nosotros. ¿Cómo voy a pensar que Jesús va a salvar a un puñito? Este país será salvo totalmente. Yo he entendido que la renuncia va a desencadenar la salvación de la mayoría.