La prisa, la muerte de la oración

Hebreos 6: 12: “A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.”

Pablo le está hablando a la iglesia de hebreos sobre cómo heredar las promesas que Dios tiene para cada uno, promesas de sanidad, promesa de prosperidad, promesas para tus hijos, promesas para tu matrimonio, promesas para tus finanzas, promesas para tu familia. Dios no dejó un vacío, Él no dejó una necesidad sin una promesa, para toda necesidad Él dio promesas. Pablo dice que hay una fórmula para el milagro, es como una ecuación y esta es la fe y la paciencia.

Todo el mundo piensa que lo único que se necesita para el milagro es la fe. No, no es lo único, Pablo enseña que se necesita otro ingrediente y ese es paciencia; sin la paciencia, la fórmula de heredar la promesa no está completa. Nadie espera con paciencia porque quiere, la paciencia se aprende, y Dios muchas veces nos la enseña a la fuerza.

Salmos 40: 1: “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.”

 Lo que está diciendo David es que la oración no solamente necesita fe para ser efectiva, David está diciendo “yo oré con fe, pero necesité otro ingrediente para que Dios me oyera y ese ingrediente cuando se lo añadí a la fe, la fórmula funcionó y Él me oyó, se llama paciencia”.

Salmos 37: 7: “Guarda silencio ante el Señor, y espera en Él con paciencia; no te irrites ante el éxito de otros, de los que maquinan planes malvados.”

 No te irrites porque el otro prospera, porque al otro le va bien y no sirve a Dios, no te irrites. La Biblia dice que ellos como la hierba verde pronto se secarán, confía en Dios haz el bien y habitarás en la tierra prometida dice también la Palabra.

Muchos creen que el único ingrediente para que una oración sea efectiva es la fe, cuando la Biblia nos enseña que se requiere también la paciencia. La paciencia es la expresión práctica de la fe. ¿Cómo tú muestra tu fe? Cuando tienes paciencia estás expresando fe. Pero, cuando no tienes paciencia te falta fe.

Muchas veces empiezas orando con mucha fe por ese familiar, orando por el país, orando por ese negocio, pero como no lo ves en el tiempo que quieres o cuando lo deseas, te desalientas y sueltas la oración; pero, la prisa es la muerte de la oración.

Tienes que detenerte, escuchar y prestar atención a lo que Dios está hablando. Se requiere paciencia para recibir la promesa y para oír al cielo hablar contigo. ¡La verdadera fe puede esperar aunque todo esté mal!