“La presencia de Dios: el secreto de la bendición”

Levítico 26: 11-12: “Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará; y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.”

2 Corintios cap. 6: 16: “¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo.”

El propósito de Dios con el hombre siempre fue habitar con él, no quiere estar con nosotros por momentos, anhela regresarnos a la intimidad con Él; debemos entender que Jesús vino para hacernos uno con el Padre, para conectarnos con nuestro creador.

En el principio Dios coloca a Adán en un lugar llamado Edén, donde podía tener relación con él, no coloca al hombre en una conexión de distancia o de lejanía, lo pone en el Edén, que se traduce como lugar de su Presencia, donde podía estar continuamente con él. Fuimos creados para vivir deleitándonos con Dios cada día; a Adán, Dios le entregó dominio, autoridad y riquezas, fue puesta sobre él la eternidad, y mientras permanecía en comunión con Dios en su presencia, todo lo que había en el huerto lo podía poseer y administrar, teniendo autoridad sobre todos los recursos de la tierra, sobre los animales, sobre la vegetación.

Donde está la presencia Dios hay gozo, paz y seguridad, nuestra alma se siente satisfecha, Dios se deleita con nosotros, se complace cuando levantamos nuestras manos, le cantamos y buscamos con corazón sincero. Debemos entender lo que ha sido el propósito original de Dios, Edén traduce puerta, entrada, y puerta es acceso, no fuimos creados para estar lejos de Él. En la presencia de Dios hay reposo, confianza y convicciones, cuando estamos en esa  presencia nuestra alma no entra en afanes, no hay odio, porque en ella hay paz, ideas, sabiduría, riquezas, su Presencia es el secreto para la bendición.

Efesios 1: 3-4: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.”

Vamos a recuperar la presencia prometida a este pueblo, ella nos llevará a estar en un lugar de deleite, y tendremos acceso a los árboles de las riquezas, de la prosperidad, y de todos los frutos. Donde está la presencia de Dios no es un lugar solo de Él, sino de nosotros, porque la presencia de Dios no nos deja sin provisión, ni sin recursos, Dios no puso a Adán en un lugar de escasez, sino de abundancia, porque así como es en el cielo será también en la tierra, Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales, nos ha posicionado y sentado con Cristo, y ha puesto por estrado de nuestros pies, principados, gobernadores de las tinieblas.

Antes que el mundo fuese creado nosotros éramos, el mundo fue creado por causa de nosotros, es por ello, que la tierra no tiene autoridad sobre nosotros, las circunstancias no tienen dominio sobre nosotros, porque fuimos creados primero en el espíritu, y quien está en la presencia de Dios gobierna desde su espíritu. Dios nos escogió para que fuésemos santos y sin manchas, no somos algo improvisado, somos un plan perfecto, Dios nos ha dado un propósito definido, no nacimos para la maldición, el último Adán no vino a cometer el error del primer Adán, Satanás trato de alejarlo, de ocuparlo, pero Jesús se apartaba y buscaba en lo secreto al  Padre.

La bendición siempre ha estado acondicionada para el hombre que quiere estar en comunión con Dios, porque si nos deleitamos en Jehová, Él nos concederá las peticiones de nuestro corazón, nos dará buenas cosas, nos dará el Espíritu Santo; donde quiera que vayamos debemos llevar esa presencia, con ella podemos cambiar cualquier lugar hostil, el salmista David decía, es mejor su presencia que la vida, él descubrió el poder de la presencia. No fuimos creados para el fracaso, sino para manifestar lo sobrenatural de Dios en la tierra, en ese lugar de deleite está la riqueza espiritual y física, somos hijos de un rey que nos dio una investidura y poder para subyugar. Si estamos en su presencia somos transformados a la imagen de Dios y cuando somos transformados lo próximo que se manifiesta es la gloria de Dios, y todo lo que Él tiene lo transfiere a nosotros, no tendremos que correr detrás de lo económico, porque en la presencia de Dios es donde sucede la transferencia.