Serie: El Poder para Hacer Riquezas – Parte I “La pereza”

De acuerdo a Deuteronomio 8:18

“Poder” implica fuerza; “hacer” se trata de trabajo.

Sobre el tema de la prosperidad hay muchas opiniones, se ha manipulado y mal entendido; pero cuando vamos a la Biblia, esta lo tiene todo. Dios a Adán le dio una tierra fértil y hermosa – así lo hizo con Venezuela para nosotros – en ese huerto Dios puso a Adán para que lo labrase, y para trabajar, porque Dios no cría flojos. Aunque Él tenía mucha abundancia, no le ofreció a Adán una vida con todo regalado, sino que tendría que trabajar para mantenerse. El trabajo no es, entonces, algo malo, no era un castigo para Adán, porque cuando fue creado no había pecado como para merecer algún castigo. Tampoco el trabajo es el invento de sociedades capitalistas, obsesionadas con la acumulación de riquezas. Por lo tanto, el trabajo es el invento de Dios para nosotros desarrollarnos y cumplir Su propósito.

Luego de la caída del hombre, la cultura pecaminosa que tuvo Adán, se extendió para toda la Tierra y trajo lo que Dios le dijo al hombre cuando pecó: “Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo”, (Génesis 3:18). Entonces, prosperar y avanzar se hizo más dificultoso, ya que la tierra quedó bajo maldición, (por esto, necesitamos la bendición de Dios). Si sumamos a esto, la cultura de gobiernos paternalistas en países en desarrollo, en los que no se incentiva a la población a esforzarse, aumentar su creatividad y al emprendimiento, y la doctrina errónea de la iglesia en cuanto al trabajo y la fe, se hace más difícil que prosperes.

La fe no es para hacer las cosas fáciles, sino posibles. Dios siempre nos va a poner retos, y deberás hacer lo que te corresponde, Él no lo hará por ti; de ser así, no podríamos desarrollarnos. Una persona que compite, para desarrollarse tiene que batir récords y tener metas, a fin de que cada día se desarrolle más y pueda superarse, venciendo toda vez una meta más alta. Así es la vida del justo, “que va en aumento hasta que el día es perfecto”, siempre buscando la excelencia. A la mayoría de la gente de los países subdesarrollados les gusta mucho la brujería, porque les ofrece las cosas rápido y sin mucho esfuerzo, a diferencia de los países desarrollados, donde la brujería no tiene mucha cabida, porque tales sociedades han entendido que el trabajo es la mejor opción para avanzar, prosperar y adquirir riquezas.

El propósito de Dios nunca ha sido consentirnos para dañarnos, sino darnos para  bendecirnos. Lo que Él te da, no te destruye; lo que Él te da, te enseña y te hace avanzar, pero NUNCA te daña. Aun por lo espiritual necesitas trabajar. Jesús dijo: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece…”. En este sentido, lo que Dios siempre demandará de ti es esfuerzo. Si esperas un milagro, tienes que creer por él, orar por él y ejercer la fe con obras. El mismo Reino de los Cielos sufre violencia y solo los violentos lo arrebatan, dice la Palabra. Si quieres ese nivel, te va a costar. Este seminario tiene como propósito enseñarte las maneras de Dios para prosperarte. Nada de lo que se enseñará aquí, es fácil.

 Así como el trabajo es el esfuerzo físico o intelectual para lograr las cosas; la pereza es su antónimo. La palabra “perezoso” se traduce – según el diccionario bíblico –, como alguien haragán, lento, indolente e ilegítimo; por ende, lo que se hace con pereza es ilegal. El perezoso es ineficiente y por eso no prospera. El diligente prefiere más, estar cansado que quebrado; el perezoso prefiere más, estar bien descansado que prosperado. La Biblia nos advierte sobre la pereza y la describe como un ladrón. Dios no brega con perezosos; la naturaleza de Dios es la de ser esforzado, ser valiente y trabajador. El diligente ama el trabajo y no la esclavitud.

Jesús compartió con sus apóstoles la Parábola de Los Dos Hijos (Mateo 21:28-32), en la cual habla de un padre que manda a uno de sus hijos a que trabaje en el campo con él, y dijo que no iría, pero su otro hijo fue quien se ofreció para ir; sin embargo, este no cumplió con lo que había dicho, y el que se había negado a ir, fue. En esta enseñanza, podemos entender que Dios prefiere la gente que hace, en lugar de las que hablan y dicen lo que van a hacer pero no lo cumplen. Dios da el poder para que seas tú quien hagas las riquezas. Dios te ha dado una capacidad creativa para aprender, soñar, te ha dado salud y todos los recursos en su Palabra para que tú puedas acceder a ellas y ponerlas en práctica.

Proverbios 6:6-8: “Ve a la hormiga, oh perezoso; mira sus caminos, y sé sabio”.

La hormiga prepara su alimento a su tiempo, antes que llegue el invierno – temporada demasiado fría para ella como para poder recoger su comida –. La hormiga trabaja el doble en el tiempo de verano. En cambio, el perezoso nunca prepara algo para el futuro. Dios sí prepara cosas para bendecirnos, pero, ¿nos preparamos para lo que Dios tiene para nosotros? La gente quiere cosas, pero no se preparan para estas. Tenemos la capacidad de prepararnos aquí, para lo que Dios quiere hacer allá. Lo que Dios quiere decir en este verso es que la hormiga es más inteligente que los perezosos. Prepararse implica esfuerzo y trabajo. Los jóvenes de hoy día, quieren tener novios y esposos, pero no se preparan realmente para su futuro. ¿Cómo te estás preparando tú? El problema, no es el trabajo que tienes hoy, sino que no aprovechaste el trabajo que tenías ayer, pues no te preparaste ni guardaste para lo que estaría por venir. Si Dios te está bendiciendo, ¡prepárate! Siempre hay tiempo de “vacas gordas” – prosperidad y abundancia – y tiempo de “vacas flacas” – escasez –. Entonces, invierte y ahorra para tu futuro, para que esos tiempos difíciles no te tomen desprevenido.

Proverbios 6:9-11: “Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado”.

 La pobreza está ligada, según la Palabra, a la pereza. Donde está la pereza, llega su socia la pobreza, y cuando llega, lo hace de repente. El trabajador dice: “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”; el perezoso: “deja para mañana lo que puedes hacer hoy”. La pereza y la pobreza están asociadas. La pereza te roba en el presente y también en el futuro. Muchas jovencitas quieren un príncipe bello, hermoso y con dinero, pero, ¿en verdad se preparan para eso? Un hombre así, no querría una esposa fracasada. La belleza es una gracia que abre puertas, pero las puertas se mantienen abiertas con un carácter formado. Se necesita desarrollar la belleza interior, las capacidades y las habilidades

Proverbios 24:30-31: “Pasé junto al campo del hombre perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendimiento; y he aquí que por toda ella habían crecido los espinos, ortigas habían ya cubierto su faz, y su cerca de piedra estaba ya destruida”.

Salomón no conocía al dueño de esa viña, pero supo que el tal era perezoso, por el aspecto de su viña. La pereza se disfraza, cual ladrón, de espiritual. Hay quienes no se esfuerzan más allá, excusándose que quieren buscar más a Dios y tener tiempo para ello. Muchos pueden pensar que no son perezosos, pero hay que revisarse, porque no se puede avanzar en el reino de Dios y tener éxito siendo mediocres, comunes; hay que ser esforzados y valientes. En el Edén había trabajo; y cuando Adán demostró ser trabajador y cuidaba el huerto, entonces, Dios vio que el hombre estaba solo, y fue cuando le dio su esposa. Lo que Él te da, es algo que tú hayas sembrado. Para todo lo que queramos, hay que prepararse. La pobreza no es de Dios, es una maldición producto de la caída del hombre. Dios nos está formando para el éxito, la abundancia y la bendición. En la Iglesia de Jesús no debe haber perezosos.

Proverbios 24:32-34: “Miré, y lo puse en mi corazón; lo vi, y tomé consejo. Un poco de sueño, cabeceando otro poco, poniendo mano sobre mano otro poco para dormir; así vendrá como caminante tu necesidad, y tu pobreza como hombre armado”.

La pereza es un asaltante, porque te va robando poco a poco. – Padres, enseñen a sus hijos el valor del trabajo y a levantarse en medio de la sociedad; algo recomendable es que le asigne una tarea en tiempo de vacaciones y que se levante temprano para que aprenda a trabajar. Es necesario enseñarles. –

Proverbios 10:26: “Como el vinagre a los dientes, y como el humo a los ojos, así es el perezoso a los que lo envían.”

 

Salomón no contrataba a perezosos, sino a diligentes – que significa trabajador o esforzado –. Una de las consecuencias de ser perezoso es que nadie te contratará.

Proverbios 22:13: “Dice el perezoso: El león está fuera; seré muerto en la calle”.

El perezoso siempre tiene “razones” para no trabajar y excusar su pobreza. Esto aplica para todas las edades y en todas las áreas. En una oportunidad, Bill Gates dijo: “Si naces siendo pobre, no eres culpable; pero si mueres siendo pobre, sí lo eres”. Jesús murió en la cruz para cambiar toda etiqueta y romper con todo lo que erróneamente nos dejaron nuestros padres. Él se hizo pobre para que tú mismo fueses enriquecido.

El éxito es para gente esforzada y valiente, no para perezosos. El Reino no está hecho para perezosos, sino para esforzados y valientes; no es que a Dios no le guste que descansemos, sino que no le gusta que vivamos para descansar. Dios es bueno para formarte, darte carácter, para que le creas, no para malcriarte y dañarte.

Proverbios 13:4: “El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada”.

Si usted le pregunta a un perezoso si quiere prosperar, responderá con mucha seguridad: “¡Amén, claro que sí!”, pero si le mencionas el esfuerzo y el trabajo que requiere, lo dudará. Al respecto, la Biblia dice: “El que no trabaje, que no coma” (2 Tesalonicenses 3:10 – PDT). Tenemos un concepto equivocado acerca de lo que Dios es; Él no consiente la mediocridad, porque te daña. Él es bueno para formarte, darte carácter, enseñarte el valor del trabajo, y bueno para que aprendas a creerle.

Proverbios 20:4: “El perezoso no ara a causa del invierno; pedirá, pues, en la siega, y no hallará”.

A veces, los fracasos son excusas para la pereza. “El éxito, es la suma de todos tus fracasos, superados por la persistencia”. El fracaso no puede ser una excusa para no avanzar y volver a intentar. Tenemos que insistir. Los hombres exitosos y grandes empresarios en el mundo, fracasaron estrepitosamente muchas veces, pero, ¿Cuál es la diferencia entre ellos y los que no tienen nada?: Ellos no se rindieron ante el fracaso, y siguieron insistiendo.

Los fracasos deben enseñarnos qué hacer y cómo hacerlo. Si usted se detiene a escuchar a los grandes empresarios a nivel mundial y cuál es la clave del éxito según ellos, y los principios básicos que mencionan están todos en la Biblia; esto quiere decir que, la Palabra de Dios está completa y en ella se encuentran todos los fundamentos que necesitamos.

En cierta forma, la crisis es nuestra amiga para prosperar, bendecirnos, ayudarnos y que ganemos más, pero tendremos que arriesgarnos, requerirá fe y esfuerzo. Vienen días de bendición y hay que prepararse como la hormiga. En el tiempo bueno que viene, no seas flojo, porque “si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida” (Proverbios 24:10).

Esta enseñanza está para prepararlo a usted, y que en el tiempo de la abundancia usted sea prosperado. Dios quiere llenarte de ánimo y sacarte del desánimo para que te extiendas a lo que está por delante y empieces a conocer lo que Él hará contigo. ¡Levántate creyendo que Dios te va a bendecir en el lugar donde estás! Puedes ser un empleado y un emprendedor al mismo tiempo, no dejes que el diablo te ponga a escoger. Puedes hacer ambas cosas y prosperar, pero ambas cosas necesitarán más tiempo y esfuerzo. Una vez que ese trabajo empiece a dar fruto y pueda sostenerte financieramente, entonces puedes dejar el trabajo.