“La palabra de la cruz es la fuente de poder”

1 Corintios 2:1-5: “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.”

El mensaje de la cruz es el fundamento principal de nuestra fe y del poder de Dios en nuestra vida, aquellos que no conozcan la revelación de Jesucristo y de su cruz serán débiles, manipulados por su alma y por la naturaleza de su carne, y no sabrán andar en el Espíritu; es fundamental que la Iglesia entienda que el mensaje de la cruz no es un mensaje histórico, es una revelación vigente que actúa diariamente en el creyente que se mantiene apegado a ella, el mensaje de la cruz no es un recuerdo de algo que aconteció, es una experiencia diaria de algo que todavía está aconteciendo.

Satanás teme al mensaje de la cruz en una Iglesia, porque este mensaje da autoridad al pueblo de Dios para caminar en poder sobre el pecado, la muerte, la enfermedad, la carne y la pobreza. El enemigo no se vence con ideas humanistas, se vence con la revelación de la sangre de Cristo, y revelación es experiencia, no conocimiento. No se puede hablar de la cruz de Cristo si no hay triunfo sobre el pecado y la enfermedad, pero cuando hay revelación de la cruz, vivimos en una victoria constante sobre el “yo”. El que entiende el mensaje de la cruz busca la gloria del Padre y la del hijo, y no lo atrae la gloria de los hombres, no vive para los hombres porque aprendió a morir al qué dirán, al reconocimiento público y a los aplausos de los hombres.

Los hombres nos van a valorar por nuestros éxitos profesionales, económicos y académicos, pero Cristo nos valora por la obediencia, fidelidad y lealtad que tenemos hacia Él. Ahora, los que son salvos oyen el mensaje de la cruz y reciben poder y autoridad. El resultado de la revelación correcta de la cruz es una vida de poder y autoridad, pero hay gente más interesada en obtener cosas terrenales, sin darse cuenta que si buscan lo eterno les será confiado lo terrenal; el que piense que por vivir una vida de renuncia y muerte al “yo” se va a quedar sin herencia no conoce la Palabra, no conoce la operación de la cruz, porque dice la Biblia: “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todo lo demás les será añadido”.

La palabra de la cruz nos lleva al origen y la fuente del poder en nuestra vida para vencer ataduras y maldiciones que nos impiden recibir las cosas. La Cruz es una experiencia que hace morir en nosotros lo que nos está impidiendo avanzar como creyentes, madurar y heredar. El mayor enemigo de nuestro avance espiritual se llama pecado, si hay un pecado que no podemos dejar, acudamos a la cruz,  porque no hay nada que la cruz no toque que no lo haga morir. La religión solo nos viste por fuera, pero la cruz de Cristo nos cambia la naturaleza de la carne, por una naturaleza del Espíritu conforme a la del hijo de Dios.