La oración y la palabra de Dios

Juan 15:7: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.”

Dios dice en su Palabra que si cumplimos sus condiciones, Él nos pone a disposición todos los tesoros de su Reino; entonces, tenemos que vernos inspirados por este verso. La combinación de poner a Jesús como el todo, de conocer y demandar su Palabra, y de orar la Palabra de Dios, hace que el Padre diga: “Todo lo que tú quieras, pídemelo”. El problema es que a veces no cumplimos con los requerimientos del Cielo, y oramos y pedimos sin antes haber hecho lo correcto, y queremos que las cosas sucedan, pero no estamos entendiendo los principios.

Uno de los principios fundamentales, es que no puedes orar el problema y la necesidad, sino la Palabra de Dios, y eso es orar con fe. La Palabra de Dios es el fundamento de nuestras oraciones. No puede haber una oración eficaz si no está fundamentada en un conocimiento y revelación de la Palabra de Dios. Si eres débil en la Palabra, así mismo será tu oración; esto traerá como consecuencia carencia de respuestas.

Cuando estudias, escudriñas y meditas la Palabra de Dios, te darás cuenta que tienes un arma  a través de la oración para arrancarle a las promesas que Dios ha hecho por medio de la Palabra misma. Es decir, la oración fundamentada en un conocimiento y revelación de la Palabra, le arranca a la Palabra de Dios las promesas más valiosas. Debemos estar conectados – permanentemente conectados – a  Dios y su Palabra.

Cuando tienes la Palabra atesorada en tu corazón, tu oración tendrá peso y autoridad, porque Dios reconoce la oración que viene con su Palabra, porque le recuerda a Dios sus promesas. La oración de fe está fundamentada en gente que tiene atesorado durante todo el día la Palabra de Dios. La oración, cuando has meditado, escudriñado y confesado la Palabra de Dios, le da vida y energía a la Palabra de Dios y logra que esa Palabra se cumpla en su vida mediante la fe de Dios.

La mejor oración que puedes hacer cuando no tengas las palabras apropiadas para orar, es leer los versos que necesitas, y el Espíritu Santo te estará revelando para esa área de tu vida; porque cuando oras con fe esa Palabra, cobra vida. La Palabra no es para alimentar tu mente, sino para cambiar tu vida y producir resultados en las áreas que necesitas.

Mientras más llenas tu corazón y mente con la Palabra de Dios, más hambre y deseo tendrás por la oración. La Escritura, la Palabra y la revelación te dan hambre por la oración e impulsan tu oración a un nivel de fe; porque la fe viene por la Palabra de Dios.

1 Juan 3:22: “y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.”

Cuando meditas y escudriñas la Palabra de Dios, tendrás seguridad de cuál es su voluntad para tu vida, y cuando haces lo que a Él le agrada, te da la opción de pedirle lo que deseas. Cuando agradas a Dios, vienen respuestas a tu vida en el área que necesitas y estás pidiendo. Solo cuando se cumple en obediencia la Palabra de Dios, la oración irá cargada de respuestas sobrenaturales. Antes de pedirle a Dios una palabra para tener, pídele una palabra para obedecerle, porque la respuesta viene por causa de la obediencia a su voluntad.

Colosenses 3:16: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.”

Si pones en práctica la Palabra, serás librado de la soberbia y errores ocultos que hay en tu corazón.