“La oración para derribar principados y potestades”

Efesios 1:17-23: “para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

Cuando la Biblia se refiere a principados y potestades, está hablando de autoridades espirituales en los lugares celestes, específicamente en el segundo cielo, lugar en el que operan los cuarteles generales del enemigo; estas autoridades espirituales vienen de lo que fue la rebelión de Satanás cuando era un arcángel en el cielo, y parte del equipo ministerial en el que está Gabriel y Miguel, lugar en el que ejercía como Luzbel o Lucifer funciones importantísimas. Pero su mal corazón, lleno de orgullo, soberbia y altivez, lo llevaron a revelarse contra Dios, y al hacerlo, confundió a un grupo de espíritus para que hicieran lo mismo; como consecuencia fue expulsado y después de ser un ángel de luz, se convirtió en un ser de tinieblas llamado Satanás.

Ahora bien, Satanás confunde a unos círculos de autoridad y la Biblia habla de algunos principales, los cuales son: principados y potestades, y es necesario saber que Jesús nunca ha negado el poder que estos tienen. Hay una realidad espiritual en el segundo cielo, que afecta la condición y las situaciones de esta tierra, pero hay algo importante que debemos conocer, y es que la Iglesia, Jesucristo y nuestro Padre habitan no en el segundo cielo, sino en el tercer cielo, aquel que está por encima del segundo; y que estos ángeles, específicamente principados y potestades, fueron creados por Dios, así que Él tiene autoridad, dominio, gobierno y poder sobre estas autoridades espirituales.

Cuando Jesús resucita le es impartida una autoridad y una posición espiritual, el Padre lo eleva y lo sienta a su diestra en lugares celestiales y le dice que reinará sobre principados y potestades y sobre todo nombre que se nombre, no solo en la tierra y en este siglo, sino en el venidero. Jesús toma una autoridad sobre ellos, porque está en una posición superior, sentado a la diestra del Padre, pero resulta que ahora acontece un evento especial con la Iglesia y es que ella se convierte en el cuerpo de Cristo, y al acontecer esto, la Iglesia espiritualmente se sienta en el lugar que Jesús fue sentado, por lo que le es impartida y delegada la misma autoridad que el Padre le delegó a Cristo.

La Iglesia no se debe dejar intimidar por principados y potestades, la oración de autoridad de ella, basada en los principios espirituales de la Palabra de Dios y una vida recta delante del Padre, le dan poder sobre el enemigo; pero para tener esa autoridad se debe conocer lo que la Palabra dice contra las huestes espirituales de maldad, para así poder orar con revelación, discernimiento y bajo la unción del Espíritu Santo, la Palabra que hay contra los principados y potestades.

La Iglesia toma autoridad cuando conoce la legalidad de la Palabra de Dios y el poder legal que Dios le otorgó a Jesús, por resucitar de entre los muertos; nosotros hemos resucitado juntamente con Cristo y tenemos esa misma autoridad. Hay una oración que reclama la promesa de Dios, pero que pide el juicio contra los principados y potestades que están trayendo tinieblas, muerte y destrucción sobre un territorio, y la Iglesia tiene autoridad para orar de esa manera en el nombre de Jesús, la Sangre del Codero, la unción del Espíritu Santo, por la legalidad de la Palabra de Dios. Lo otro que nos da autoridad es vivir una vida de rectitud, justicia y con un corazón puro, porque entonces cuando Satanás venga a nuestras vidas, no encontrará nada de él en nosotros, por lo que no podrá trabajar en nuestra autoridad, ni nos la podrá quitar, porque estamos bajo el poder de la Sangre de Cristo. Solo necesitamos caminar en los principios de Jesús para tener autoridad.

¡Jesús ha venido para deshacer las obras del diablo, y para que tengamos vida en abundancia!