La oración de liberación

Mateo 12:22: “Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba”.

Jesús dentro de su ministerio tuvo que bregar con demonios. Muchas personas fueron libres de la influencia de Satanás gracias a Él. Ahora bien, detrás de muchas de las cosas que pasan en la vida de un ser humano, hay demonios operando, y atando en ciertas áreas. Hay demonios de chismes, de murmuración, de enfermedad, y ellos van a desaparecer cuando encontremos la causa que los produce. Y una vez que lo encontremos, no podemos bregar con las ramas, tenemos que cortar la raíz de lo que está ocasionando el problema, para que de esta manera el árbol pueda dar fruto. Jesús le ordenaba al demonio que estaba perturbando la vida de alguien, que saliera, y este tenía que salir, por lo que la persona quedaba libre del demonio que le estaba ocasionando la enfermedad.

Pablo le escribió a la Iglesia de Efesios (una Iglesia intelectual y bien madura) que nuestra lucha no es contra carne y sangre, sino contra principados, potestades, y príncipes de las tinieblas de maldad que operan en los cuerpos de las personas (Efesios 6:12). Por ello, si estamos viviendo alguna circunstancia con alguien que nos rodea, no miremos a la persona, detrás de ella puede haber una influencia de Satanás, por ende, breguemos contra esa influencia. Aprendamos a entrar en el mundo espiritual y a desatar bendiciones del cielo, para que empecemos a ver verdaderos cambios en nuestra vida y en la de nuestra familia.

Una de las armas más poderosas que tiene Satanás para destruirnos, es la ignorancia acerca de la Palabra. La Biblia dice: “Mi pueblo perece por falta de conocimiento” (Oseas 4:6), y no es conocimiento intelectual o universitario, es conocimiento de Dios. Cuando la gente no conoce a Dios, al Espíritu Santo, el pacto y el poder de la sangre de Cristo, Satanás gana ventaja, porque él es el engañador de los hermanos, pero si conocemos la Palabra de Dios, ella será lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino (Salmo 119:105). Satanás es tinieblas, y jamás las tinieblas pueden prevalecer sobre la luz; cuando la luz llega, las tinieblas se van. Así que, cuando se tiene revelación de la Palabra y al revelador, que es el Espíritu Santo, será muy difícil que Satanás tome ventaja sobre nuestra vida. Pero una Iglesia ignorante, que no sabe de ataduras, va a estar cortando ramitas, en vez de darle un hachazo a la raíz. Vamos a orar, ¡en oración vamos a vencer!, porque cuando los leones se levantan, los perros huyen.