“La oración que atrae el poder de Dios”

La Iglesia posee de parte de Dios su poder. Cuando tienes revelación por medio de la oración que posees el poder de Dios, debes desatarlo, no esconderlo. La Biblia declara lo siguiente:

Salmo 105:4: “Buscad a Jehová y su poder; Buscad siempre su rostro”.

Debemos buscar continuamente a Dios, primeramente su rostro, al punto de que nuestros pensamientos y voluntad se alineen a la suya; cuando logramos hacerlo, por muy desanimados que estemos, seremos transformados y fortalecidos; y es allí cuando obtenemos revelación y empezamos a practicar una oración ferviente, dando paso al poder de Dios, dejando que nos cambie y alinee a lo que Él quiere.

Hechos 1:8: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

Jesús dijo a sus discípulos que esperaran hasta ser revestidos con el poder del Espíritu Santo, ese poder actúa en medio de la oración. Cuando te colocas delante de Dios debes buscar primero complacerle, no que Él te complazca. Además, nada te puede impedir acercarte a Dios; si te sientes en pecado o condenado recuerda que tenemos abogado para con el Padre.

Efesios 3:20-21: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén”.

Debemos saber que tenemos la capacidad de apagar el poder de Dios en nosotros con la desobediencia y que el deseo del enemigo es que ese poder mengüe en nosotros, hasta el punto que desaparezca. Recuerda que el poder de Dios que emerge dentro de ti, es capaz de sanar una enfermedad y cambiar cualquier circunstancia. Usemos nuestra lengua para desatar el poder que reposa en la Palabra de Dios. Mencionaré algunos pasos acerca de cómo lograr desatar el poder de Dios que reposa en nosotros. En primer lugar, debemos reconocer que sin Él no podemos, que somos débiles sin su ayuda.

Juan 5:30: “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”.

No podemos llegar con nuestra voluntad delante de Dios; en la oración debemos saber que tenemos que rendirnos a la voluntad de Dios, para no impedir el fluir de su poder. Además, que Dios no se negará a un corazón que reconoce que necesita de Él. Segundo, la promesa del Espíritu Santo. Debemos aferrarnos a esa promesa, saber que Jesús prometió que su Espíritu Santo estaría siempre con nosotros. En tu oración siempre pide, anhela al Espíritu Santo, Él desea que le conozcas, quiere guiarte y que seas propicio a Él.

Lucas 11:13: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”.

En tercer lugar, Dios necesita que seamos hambrientos y sedientos. Requiere que le presentes un corazón desesperado por su presencia y hambriento de su gloria; es por ello, que cuando te unes con personas que tienen la misma necesidad de Dios, tocas su corazón, y por ende, desatas su poder. Cuarto, abrir los ojos para recibir revelación del poder de la resurrección. Debes recibir la revelación de quién es Él y el poder que reposa en su nombre. Ese poder de resurrección fue el que te sanó y te salvó, pero aun hay un poder mucho mayor que debemos desatar y va mas allá de la sanidad del cuerpo y de la prosperidad, es un poder que sanará esta tierra.

Efesios 1: 17-22: “para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,  y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia”.

En quinto lugar, decirle al Señor: “revélame cualquier pecado, incredulidad o situación que impida que yo opere en  la plenitud del poder que Tú has prometido”. Cuando pedimos esto en intimidad, activamos el poder de Dios para cambiar nuestra vida y eliminar cualquier cosa que impida que tengamos una relación sincera con Él; pero, esto no solo se refiere a los pecados que podamos cometer, se refiere también a cuando Dios te pide algo y no lo haces.

2 Timoteo 2:21: “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra”.

Muchas veces detenemos el poder de Dios en nuestras vidas por lo que dicen los demás y nos convertimos en un obstáculo para el cumplimiento de su voluntad en nuestras vidas, el poder de Dios es amor que vence los corazones, transforma tus labios y los usa para que otros puedan rendirse a Él. Dios desea restaurar todo lo que ha sido destruido, pero debemos pararnos firmes, con la convicción de que el poder que está en nosotros, Dios nos lo dio, y una vez, que entendamos esto, oremos con esa revelación y alineados a la voluntad de Dios. ¡Él se encargará de restaurar esta casa, así lo ha prometido!.