“La Oración que Agrada a Dios”

Lucas 18:1 “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar”.

El crecimiento de una iglesia se debe a la oración, porque la oración es vida.

Hay oraciones que no agradan a Dios. Muchas personas oran y no ven resultados, porque están orando de la forma incorrecta.

La oración debe ser en el creyente una devoción, no se debe dejar de practicar.

Existen varios tipos de oración:

La oración gramatical: la oración de algo que quiero expresar.

La oración religiosa: la oración “muerta”.

La oración cristiana o conviccional: llena el espíritu, como la sangre al cuerpo; sin esta oración el espíritu muere, así como el cuerpo sin sangre queda sin vida.

Un creyente sin esta oración, es un creyente muerto.

Existen requisitos de la oración que agrada a Dios:

  1. La confesión: Usted debe confesar sus pecados, que no condenan, pero que pueden impedir que entremos a la presencia de Dios. Debemos confesar las debilidades cometidas o que estamos cometiendo, a nuestro Padre que está en los cielos. Y cuando nos confesamos ante Él, somos perdonados.

1 Juan 2:1: Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”.

 Antes de orar debemos perdonar a nuestros hermanos, pues si no perdonamos nuestra oración no es escuchada.

Al confesar los pecados, encontramos perdón.

  1. La adoración: En la adoración se reconocen los atributos de Dios. Y cuando le está adorando, antes de exponer su petición, ya Él escucha y concede.
  2. La Alabanza: La alabanza tiene tres dimensiones: agradecer lo que Dios ha hecho, lo que está haciendo y lo que seguirá haciendo con nosotros.

La oración no debe ser una plegaria de limosnero (dame, dame, dame), la Palabra de Dios señala que es mejor dar que recibir.

  1. Pedir: ¿Cómo habremos de pedir?

 Hebreos 11:6;1 “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

La fe no agoniza ni se desespera, usted debe creer que lo que está pidiendo a Dios, lo va recibir. Hagamos todas nuestras oraciones, convencidos de que recibiremos lo que tanto hemos pedido.