“La oración que abre los ojos”

Estamos en una situación de guerra espiritual y nuestra lucha es contra principados y potestades, es por eso, que debemos usar nuestras armas que no son carnales, sino espirituales, poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. Jesús dedicaba mucho tiempo a orar aunque tenía toda la autoridad y todo el poder, aun así nos enseñó a velar en oración.

Con Jesús no debemos tener una religión en la que solo se practican normas mecánicamente y ni siquiera está involucrado el corazón, sino que debemos tener una relación en la que Él permanezca todo el día en nuestra mente; el que tiene una religión desarrolla tiempo de oración, pero el que tiene una relación con Dios tendrá una vida de oración.

Cuando Jesús hablaba de velar y orar, se estaba refiriendo a una oración que viene de una relación, no de la que viene de una religión, porque el que tiene religión hace una oración, pero luego que termina ese tiempo se olvida de Dios, es por eso, que es necesario desarrollar una vida de oración, porque está nos llevará a tener una conexión con Jesús. El que permanece velando, el enemigo no podrá engañarle porque está despierto.

La única forma de ver lo espiritual es velando a través de la oración, muchas veces la bendición viene en un paquete que solo con los ojos espirituales podremos ver, y la forma para reconocerla es velando en la oración. Debemos estar conectados con nuestra fuente de vida las 24 horas del día, estamos viviendo tiempos peligrosos y difíciles en los que necesitamos velar y orar.

Mateo 9: 14-24: “Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.  Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron. El les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos? Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo. Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.  E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó. Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.”

Cuando conocemos a Jesús y tenemos un encuentro con Él, recibimos autoridad por ser hijos de Dios, porque la autoridad que Jesús conquistó nos las dio a nosotros, pero el poder que tenemos por delegación de Jesús es limitado sino oramos, porque el origen del verdadero poder ilimitado está en la oración y en el ayuno. La oración es poder y autoridad, y el creyente que ora conquistará territorio y no caerá en trampas ni en engaños del enemigo. ¡Si velamos podremos ver con claridad el camino que debemos recorrer!