La obediencia que nace de la oración

Hebreos 11: 8: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba”.

Las grandes obras de fe son antecedidas por una gran obediencia a Dios. Y es que, la obediencia es el primer arranque de la fe, ella nos saca del lugar en el que estamos, para de esta forma, poder dar el primer paso. La obediencia nos da las fuerzas para romper la tristeza y la incredulidad, nos impulsa a caminar aunque no queramos ni sepamos a dónde vamos.

No confiemos en nada que no nazca de la oración. Lo que nace del Espíritu, espíritu es (Juan 3:8), pero lo que nace de la carne, carne es. La oración garantiza que lo que escuchamos o recibimos venga del Espíritu, y cuando comprobamos que viene de Dios, llega a nosotros la obediencia. La obediencia es la antesala de los milagros de la fe. Admiramos a los hombres de fe, pero antes de tener una gran fe, ellos tuvieron una gran obediencia.

Dios nunca dice que obedezcamos algo sin hacernos saber que vamos a un buen lugar. Necesitamos caminar hacia el lugar que Dios nos está llamando aunque no sepamos a donde vamos, porque cuando accionamos en ello, vamos a ver qué sucederán grandes milagros en el camino. Somos de fe, pero nadie tiene fe a menos que empiece por el principio que es escuchar a Dios y hacer lo que dice su Palabra.

Ahora bien, cuando Dios nos pide que hagamos algo que no entendemos, nos sentimos turbados, y esto se debe a que nuestra mente quiere razonar, pero la obediencia rompe con toda la razón, y las debilidades del alma que se resiste ir al lugar que Dios quiere. Cuando el alma está rendida y el corazón derramado delante de Dios por la obediencia, actuar en fe es fácil.

La obediencia nos lleva al lugar de nuestra bendición. ¡En el lugar de nuestra obediencia está nuestra bendición! La primera acción que nos acerca a nuestro milagro es la obediencia, y luego la fe. Al obedecer agarrémonos de un principio de Dios y obedezcamos, y aunque quienes tengamos a nuestro alrededor no nos comprendan y cuestionen, caminemos, porque sabemos que estamos caminando guiados por la voz de Dios.

Muchos han perdido su nivel de fe, y se debe a que la última vez que Dios les pidió obediencia, no lo hicieron. Los tres más grandes fundamentos de Jesús fueron: la obediencia, la humildad y el servicio para hacer la voluntad de Dios. Obedecemos lo que oramos, no lo que decimos. Tenemos que aprender a obedecer aunque el alma llore, se entristezca y se sienta mal.

Cuando Jesús rindió su alma en oración, Él estaba aprendiendo como hombre la obediencia absoluta, y aprendió este principio, postrado en oración. ¡El Señor nos pasa por retos de obediencia para perfeccionarnos! Jesús, habiendo sido perfeccionado vino a ser autor de la salvación para todos los que obedecen (Hebreos 5:9). No vamos a ser hombres y mujeres usados por Dios para el avivamiento si no pagamos el precio de la obediencia y de rendir la voluntad al servicio a Dios. ¡El camino de la obediencia nos va a llevar a un mayor nivel de fe!