“La mejor oración”

La Biblia habla de una oración eficaz, y si habla de una oración eficaz es porque hay oraciones que no son tan eficaces, y tenemos que entender que eficaz habla de eficiente, de que  logra el propósito para el cual la estamos haciendo, no queremos orar por orar, queremos orar para ser oídos y obtener una respuesta. La oración que hacemos tiene que ser argumentada en la Palabra de Dios; la forma de argumentar nuestra oración o darle respaldo a nuestras peticiones es a través de conocer la Palabra, y esta debe ser el ancla de nuestra fe.

Isaías 41:21: “Alegad por vuestra causa, dice Jehová; presentad vuestras pruebas, dice el Rey de Jacob.”

Dios necesita que argumentemos lo que le estamos pidiendo, que respaldemos ese petitorio, porque Dios tiene compromiso con lo que Él ha dicho; no podemos darle lastima al cielo, porque a Dios no lo mueven los sentimientos y emociones lo mueve la fe, ¿Y qué es fe? Es la Palabra de Dios en el corazón, pero necesitamos conocer esa Palabra, escudriñarla; entonces argumentemos nuestra oración no con lágrimas, sino con la Palabra de Dios. A medida que conocemos la Biblia, caminaremos en sus principios.

Lo mejor que podemos hacer es conocer nuestra Biblia. El Espíritu Santo tiene un papel en la tierra, Jesús dijo que nos convenía que el Espíritu Santo estuviera con nosotros y Él en el cielo, porque el Espíritu Santo nos recuerda la Palabra, pero qué Palabra nos va a recordar sino la guardamos en nuestro corazón. Mientras más Palabra tengamos en el corazón, más vocabulario tiene el Espíritu Santo para hablarnos.

Hay tres razones por las cuales se puede hacer la mejor oración conforme a la Palabra:

1.- Toda oración que hacemos respaldada con la Palabra de Dios, es la voluntad de Dios.

1 Juan 5:14-15: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.”

El apóstol está diciendo que si oramos conforme a la voluntad de Dios, nuestra oración está segura, pero ¿Cómo oramos conforme a esa voluntad? Si conocemos la Palabra, porque si la conocemos el Espíritu Santo nos va a hablar y a guiar, pues, Él habla lo que dice el Padre, lo que está escrito; por eso es importante conocer la Biblia, meditarla, escudriñarla y guardarla en el corazón. La gente que no tiene fundamento en la Palabra es engañada, pero el que tiene fundamento en la Palabra es guiado por el Espíritu Santo a la verdad. Cada vez que oramos conforme a la Palabra, que argumentamos nuestra oración con la Biblia, estamos en la voluntad de Dios; si conocemos la Palabra no nos preguntaríamos si es la voluntad de Dios que seamos sanos y si Dios quiere sanarnos, porque su Palabra dice que Él quiere sanarnos y que hemos sido curados por sus heridas, el que conoce su Biblia el diablo no lo engaña.

2.- Toda oración que se hace conforme a la Palabra, trae fe.

La fe mueve la mano de Dios, y cuando oramos con la Palabra nuestro oído oye, y la fe viene por el oír, y el oír, la Palabra de Dios. Muchos hombres de Dios oraban con argumento de lo que Dios había dicho.

Marcos 9:23: “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.”

Cada vez que tú oyes Palabra, tu fe se edifica, así que cada vez que tú le argumentas a Dios con sus promesas, estas fortaleciendo tu fe. Nuestras oraciones muchas veces son quejas a Dios y excusas para quejarnos delante de Él, pero que diferente es la oración que aunque le presenta a Dios los problemas, le argumenta con su Palabra, y cuando eso sucede la fe se alimenta.

3.- La oración que se hace conforme a la Palabra, le recuerda a Dios sus promesas.

Cuando ores, recuérdale a Dios Sus promesas, no los problemas, ¿por qué sus promesas? Porque Dios tiene un compromiso con lo que ha prometido. Si hacemos eso, vamos a tener victoria y nuestra oración va a cambiar absolutamente.

Salmos 142:5,7: “Clamé a ti, oh Jehová; Dije: Tú eres mi esperanza, Y mi porción en la tierra de los vivientes. Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre; Me rodearán los justos, Porque tú me serás propicio.”

Cuando leemos este Salmo desde el verso uno, nos damos cuenta que el salmista está exponiendo su queja delante de Dios, pero él presenta también lo poderoso que es Dios; no es una oración quejosa, es una oración que presenta a Dios lo que Dios es, el poder que Dios tiene.

2 Crónicas  6:13-17: “Se puso luego Salomón delante del altar de Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendió sus manos. Porque Salomón había hecho un estrado de bronce de cinco codos de largo, de cinco codos de ancho y de altura de tres codos, y lo había puesto en medio del atrio; y se puso sobre él, se arrodilló delante de toda la congregación de Israel, y extendió sus manos al cielo, y dijo: Jehová Dios de Israel, no hay Dios semejante a ti en el cielo ni en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia con tus siervos que caminan delante de ti de todo su corazón; que has guardado a tu siervo David mi padre lo que le prometiste; tú lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como se ve en este día. Ahora, pues, Jehová Dios de Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le has prometido, diciendo: No faltará de ti varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino, andando en mi ley, como tú has andado delante de mí. Ahora, pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase tu palabra que dijiste a tu siervo David.”

 Salomón sabía que para presentarse delante de Dios con una petición tenía que argumentarla, y ¿Cómo lo argumenta? ¡Tú dijiste! Toda oración que se argumenta en la Palabra, va a traer la presencia de Dios y al Espíritu Santo, pero la Iglesia tiene que conocer su Biblia. Si nos presentamos delante de Dios sin argumentar la oración, esta no será tan eficaz para vencer la oposición de Satanás; Satanás no puede oponerse a lo que Dios ha dicho, no hay forma, porque Dios guarda el pacto con los que aman y guardan sus mandamientos.