“La Iglesia que sabe influenciar”

Isaías 2:1-3: “Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén. Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.”

Isaías vio una Iglesia que no estaba escondida del mundo, sino que estaba leudándolo, al punto que influenciaba a otros y estos querían lo que ella tenía. Jesús dijo que somos luz y sal del mundo, el problema es que la Iglesia ha olvidado de esto y se ha conformado con solamente buscar las respuestas a sus necesidades personales. La Palabra dice que “de Jehová es la tierra y su plenitud”, así que el mundo es de Dios y la Iglesia debe conquistarlo para Él.

Isaías 60:1-7; 10-16: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos. Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti. Multitud de camellos te cubrirá; dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá; traerán oro e incienso, y publicarán alabanzas de Jehová. Todo el ganado de Cedar será juntado para ti; carneros de Nebaiot te serán servidos; serán ofrecidos con agrado sobre mi altar, y glorificaré la casa de mi gloria… Y extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia. Tus puertas estarán de continuo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que a ti sean traídas las riquezas de las naciones, y conducidos a ti sus reyes.  Porque la nación o el reino que no te sirviere perecerá, y del todo será asolado. La gloria del Líbano vendrá a ti, cipreses, pinos y bojes juntamente, para decorar el lugar de mi santuario; y yo honraré el lugar de mis pies. Y vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, y a las pisadas de tus pies se encorvarán todos los que te escarnecían, y te llamarán Ciudad de Jehová, Sion del Santo de Israel. En vez de estar abandonada y aborrecida, tanto que nadie pasaba por ti, haré que seas una gloria eterna, el gozo de todos los siglos.  Y mamarás la leche de las naciones, el pecho de los reyes mamarás; y conocerás que yo Jehová soy el Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob.”

Lo primero que Dios nos da es una palabra profética, en estos versos queda claro que el mundo no influenciará a la Iglesia, sino que esta lo debe influenciar a él, porque la luz que llevamos disipará las tinieblas. Es tiempo de que la Iglesia comience a usar su luz para influenciar los medios de comunicación, los sistemas políticos, educativos y sociales, porque de Jehová es la tierra y su plenitud. Por lo que a la Iglesia le ha sido dada influencia para afectar y transformar todo lugar.

Todos entendemos el poder de la Palabra y de la oración, pero nos hemos escondido, nos hemos encerrado en los templos con ese poder. El enemigo nos ha hecho creer que en un lado está la Iglesia y en otro el mundo, cuando la realidad es que debemos estar en el mundo leudándolo por medio de la Palabra de Dios y con obras de amor hacia el necesitado.

Jesús nos enseñó a orar de manera diferente al sistema religioso, nos enseñó que la oración no tiene un esquema, pero sí nos dio una guía y en ella pedía que el reino de Dios viniera a la tierra. La palabra reino traduce influencia, poder, autoridad, y Jesús pedía esa influencia por medio de la oración, porque ese es el medio para conquistar y recibir poder. Cuando nos convirtamos en una Iglesia que ora, tendremos influencia y  la Iglesia que vio Isaías era cabeza de montes porque oraba; no hay forma de conquistar o de pasar de la defensiva a la ofensiva sin oración, porque solo a través de la oración se pueden lograr grandes cosas.

 Jesús dijo que en su nombre haríamos grandes cosas, esto porque Él nos delegó autoridad, pero esa autoridad es limitada; sin embargo, la autoridad que nos da la oración es ilimitada. No hay nada que pueda contra una Iglesia o un cristiano que ora, porque donde hay oración Dios habita. Y el poder de la oración desata influencia para conquistar. Levantemos altares de oración en nuestras casas para que Dios habite en ellas, de esta manera, desplazaremos al enemigo y será cumplida así la profecía de Isaías, porque la Iglesia que ora, se convierte en cabeza de monte.