La Iglesia que doblegará al infierno

La Iglesia que va a conquistar las puertas del infierno, es aquella que recibe y manifiesta el poder del Espíritu Santo. Muchas veces en nuestro intento por compartir el mensaje de Jesús, creemos que podemos hacerlo sin ser fanáticos del Espíritu Santo, pero la realidad es que Jesús no pudo hacer nada sin Él. La Iglesia primitiva para enfrentarse a todos los retos que se le presentaron, lo pudo hacer solamente con el poder del Espíritu Santo.

Hechos 1: 6-8: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” 

No podemos esperar que se arregle la situación política y económica para empezar a hacer algo para Dios, si fuera así no tuviéramos hoy evangelio. En los primeros tres siglos las situaciones eran terribles, y el evangelio se siguió multiplicando y predicando, de tal forma que fueron capaces de doblegar al imperio romano; y es que, el Reino de Dios es esa levadura que leuda todo, es decir, puede traer cambios profundos. Pero, es Dios quien lo va a hacer, no es con ejército, no es con fuerza, no es con marchas, sino con mi Espíritu Santo, ha dicho el Señor.

Hechos 2: 41-42: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”

Recordemos que siempre el Espíritu Santo viene como consecuencia de una Iglesia que ora, poca oración, poco Espíritu Santo; oración continua, Espíritu Santo continuo. Jesús vivía orando, se levantaba orando y se acostaba orando, y a veces no se acostaba, pasaba la noche entera en comunión con Dios, ¡así es que funciona este asunto! Una de las reuniones más importantes que tiene una Iglesia es la de oración, porque por medio de ella hacemos una atmósfera para que el Espíritu Santo reine. En la oración somos empoderados para no andar por vista, sino por fe, para que se nos abran los ojos espirituales y conocer que más son los que están con nosotros que los que están en contra nuestra.

Pero, hay que orar, hay que arrepentirse, alabar y adorar a Dios, y morir a nuestras preferencias, a lo que nos gusta. Satanás nos teme cuando estamos de rodillas ante Jehová de los ejércitos, ¡nuestras batallas se ganan de rodillas! Dios va a desatar un ejército de ángeles sobre la Iglesia que ora.

Esta Iglesia existe para la salvación y redención de la humanidad.  Un día ya no tendremos que hacer cultos de adoración, porque en el cielo los ángeles nos van a dirigir, ni ayunos corporativos, ni evangelismos. Un día tendremos que ir al cielo y nos daremos cuenta de que lo más importante  era la salvación de un alma, por lo que tenemos que regresar a ello. El hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Esta Iglesia no es la empresa personal de un hombre, es propiedad de Jesús, quien murió y dio su vida por ella, y es administrada por el Espíritu Santo, quien la dirige y empodera sobre todas las fuerzas del infierno. ¡Existimos para atraer a los hombres hacia el caballero de la cruz! Nuestra mayor pasión debe ser que los hombres sean libres del pecado, la enfermedad, los demonios, la miseria y el infierno, y que vivan una vida próspera aquí, y tengan una vida santa para ir al cielo.

Si levantamos a esta Iglesia, no hay secreto a lo que Dios pueda hacer en este país. Si logramos que el Espíritu Santo sea el Señor de nuestras vidas y de nuestra Iglesia, lograremos que Él sea el Señor de toda Venezuela.