La Gloria Pasajera de los Hombres

Hay que determinar claramente las razones y objeto de nuestro servicio. La naturaleza humana tiende a servir lo que ve. Cuidemos que lo que hacemos sea para Dios y no para recibir reconocimientos de nuestros líderes. Aunque nuestro servicio sea para la gente, debemos tener claro que es Dios el objeto de nuestro servicio. La relación con Dios debe ser tan profunda que nos lleve a dar a pesar de nuestra necesidad, sin importarnos la crítica o cuestionamientos de otros. La importancia del dar y colocar nuestra vida al servicio de Dios, debe estar enfocada por la pureza del corazón. Hay que cuidar de no contaminar el servicio con querer que los demás alaben nuestras acciones y seamos reconocidos.

La tierra es pasajera, y todos los hombres y sus acciones, también pasarán. No importa qué tanto hagamos en esta tierra, es breve el tiempo que estaremos en ella y debemos enfocarnos en lo que tiene connotación eterna y no en el brillo momentáneo. La gloria de los hombres es pasajera. La forma en la que hacemos el servicio determina nuestra humildad para con los otros. Ver a Jesús en cada persona a la que se sirve garantiza que el servicio sea puro y hecho con verdadera humildad. La diferencia entre nosotros y cualquier otra persona que haga las mismas acciones, siempre será el amor, el respeto, y la convicción de que lo que hacemos, lo hacemos para Dios. Nuestra causa es Jesús. Nuestro servicio evidencia nuestra fe a las demás personas, comprueba que Jesús nos transforma en personas mejores.

Podemos vivir en esta tierra pensando que lo importante es amontonar cosas, impresionar a la gente, que nuestra familia nos apruebe, pero nada de esto nos da verdadero valor. Debemos servir y vivir trabajando, creyendo y esperando que las cosas salgan bien, que la gente sea atendida y el nombre de Jesús sea exaltado. El único lugar verdaderamente seguro para nuestra familia es vivir para Jesús. Dios tiene un plan para este país y Venezuela está caminando hacia la grandeza. Lo que valemos es lo que tenemos dentro de nosotros; este país es grande por su gente. Humildad, amor y respeto en nuestro corazón es la garantía de que este país cambiará para bien y para siempre.

Pastor Javier Bertucci – 16 de octubre de 2016