La bendición o la maldición, tú elijes

Deuteronomio 11:26 – 28: “He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición, si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy y la maldición, si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido.”

Dios nos habla claramente de dos cosas que operan en la tierra: la bendición y la maldición, y esto no depende de si creemos o no en ellas, simplemente existen. La bendición sobre la vida de un país, familia o individuo no es cuestión de suerte. En la Palabra de Dios descubrimos que la bendición y la maldición son consecuencias de nuestra elección, Dios le dio al pueblo de Israel la libertad de elegir ante la bendición y la maldición. La bendición, si elegían escucharlo y obedecerlo, y la maldición si elegían lo opuesto. Así que, siempre vamos a caminar en bendición o en maldición, somos nosotros los que decidimos.

La bendición no es algo mágico, ella vendrá sobre nosotros cuando obedezcamos la Palabra, y si elegimos seguir a Dios, no hay maldición que pueda venir sobre nosotros. Por más que alguien nos maldiga, si elegimos caminar obedeciendo a Dios, no hay maldición que pueda afectarnos. Por lo que podemos tener paz, vivir tranquilos y no angustiarnos. ¡Obedeciendo a Dios no hay maldición que nos pueda caer!

Génesis 1: 27 – 28: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.”

Génesis 2:15: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.”

Dios crea al hombre y lo bendice, es decir, le da un poder sobrenatural para ser exitoso, no para vivir enfermo, escaso, deprimido y con problemas, Él le dio Su bendición para poder avanzar, conquistar y tener éxito. Al ser colocados Adán y Eva en el huerto del Edén, fueron benditos, pero también Dios les dio una asignación, y era que debían cultivar y labrar ese lugar. La palabra “cultivar” significa tomar algo y a partir de cómo está, mejorarlo; también significa sembrar, porque todo aquel que esparce una semilla va a cosechar. Dios le dijo a Adán que cultivara lo que Él había creado, y de esta forma esa misma tierra le proporcionaría lo necesario para suplir sus necesidades.

Antes de Adán desobedecer a Dios, tenía que cultivar y labrar la tierra para que esta le diera el fruto, hasta este momento no había maldición, pero una vez que comete pecado, la maldición viene, y fue la desobediencia la que ocasionó que la tierra fuera maldita; se viene un problema: que la tierra iba a resistir lo que se estaba sembrando, porque había una maldición sobre ella.

Es por ello, que el Señor le dice al pueblo de Israel que la maldición ha estado operando en la tierra desde que Adán pecó, pero también les da algo con lo que podían anular esa maldición, y es Su bendición, con la que se puede anular el poder sobrenatural del fracaso. Pero, debemos saber que podemos tener la bendición de Dios, pero no podemos dejar de trabajar y cultivar, porque a partir de nuestro trabajo es que seremos bendecidos, cuando oigamos y pongamos en práctica lo que Dios nos ordena. La bendición, al igual que la maldición, es un camino que debemos tomar, lo que requiere de tiempo, pero sea el camino de la bendición o el de la maldición, seremos llevados a un destino. Recordemos, pues, que Jesús nos aclara en su Palabra que Él es el camino, la verdad y la vida, es decir, Él es la vía para llegar a la bendición.

Cuando te alejas del verdadero camino, es decir, el camino de Dios, entrarás bajo maldición, pero si te mantienes oyendo y obedeciendo a Dios, aunque en el presente puedas estar atravesando circunstancias difíciles, si te mantienes sirviendo a Dios, llegará el momento en el que las bendiciones empezarán a seguirte. Así que, no dejes de servir a Dios con todo tu corazón porque Él te prosperará, protegerá, hará que nada de lo que hagas sea estéril y te honrará delante de todos.