“La bendición del que oye a Dios”

Hoy día hay muchas voces a nuestro alrededor, pero nos corresponde como creyentes oír a Dios, todo lo que Dios nos dice es verdadero y nos bendice.

La intención de Dios ha sido siempre bendecirnos. Él manifestó esa intención desde el principio, porque nos ama. Sin embargo, sólo nosotros podemos impedir que esa bendición llegue a nuestras vidas. Satanás puede hacer resistencia para que la bendición se manifieste, más no impedirla.

Dejemos de culpar al diablo o a cualquier persona, por no recibir la bendición de Dios. Es nuestra decisión, está en nuestras manos.  La bendición de Dios es como un círculo de protección alrededor nuestro.

Génesis 1: 27-28: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.

Dios bendice lo que Él hace, no lo que el hombre hace. Por eso, bendice a las familias basadas en el matrimonio entre un hombre y una mujer ya que ese es su diseño original. Dios consideró que Adán y Eva necesitaban de su bendición para que ellos desarrollaran su familia, se mantuvieran sanos y protegidos. Asimismo, nosotros requerimos esa bendición.

Génesis 32: 27-28: “Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”.

Mantengamos una actitud de deseo por la bendición de Dios tal como lo hizo Jacob. Aunque Él incurrió en muchos errores, llegó a ser el padre de Israel.  Fue tenaz e insistente hasta conseguir la bendición de Dios. No requerimos ser perfectos, pero nuestros corazones deben anhelar lo que procede de Él.

Las circunstancias no pueden ser las que gobiernen nuestras vidas. Somos nosotros lo que hemos de obligar a todo aquello que quiera levantarse en nuestra contra y dominarlo.

La bendición de Dios es aquella que enriquece y no añade tristeza. Lo que hace que perdamos su bendición es la desobediencia a Él. Si no aprendemos a respetar a nuestras autoridades, a quienes vemos, ¿cómo podremos obedecer y someternos a Dios, a quien no vemos? La clave para ser bendecidos, está en la obediencia. Esa es la condición, pese a que Dios quiere dársela a todos.

Hebreos 11:8 “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba”.

Abraham no tenía una cultura cristiana como la nuestra, tampoco tenía una Biblia, sin embargo escuchó el llamado de Dios y sin dudarlo, le obedeció.

Por otra parte, todo el mundo quiere la bendición de Jesús, pero no todos están dispuestos a llevar su cruz, a obedecer al Padre y hacer su voluntad. Jesús llevó primero una corona de espinas, murió por obediencia en la cruz y gracias a ello fue nombrado Rey de Reyes, Señor de señores.

La obediencia desata la bendición de Dios. Para lograr esa obediencia es requerido tener una relación con Él. De esta manera podremos oírle y obedecerle.

Deuteronomio 28:1: “ Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra”.

Dios nos profetiza que nos bendecirá y de seguro acontecerá. Debemos oír  su voz con la intención de obedecerle. No se trata de obedecer a nuestros deseos, ya que eso acarrea serias consecuencias que afectarán el desarrollo de nuestras vidas.

La obediencia nace de un corazón que ama y desea servirle a Dios. No se trata de obedecer por obligación o interés. Nuestra obediencia debe surgir de nuestra fe en Él. No es necesario entender todo lo que Dios diga, simplemente ejecutar sus directrices.

Deuteronomio 28:2: “Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Esa es la condición. Muchas personas están detrás de las bendiciones de sanidad, prosperidad, pero nuestro enfoque no debe estar en las añadiduras del reino sino en Jesús.”

Seguir a Dios implica obedecerle, así pensemos que estamos recorriendo un camino contrario o ilógico.

Deuteronomio 28:3-6: “Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.”

La bendición de Dios está sobre la gente, es decir,  en todo lugar donde nos movamos y alcanza a nuestros hijos, nuestras ideas, trabajos, nuestro hogar. Debemos trabajar, esforzarnos y rendir frutos que Dios pueda bendecir, es necesario ser diligentes.

 Deuteronomio 28: 7-8: “Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da.”

Dios bendecirá la obra de nuestras manos, conforme a su diseño y voluntad para nuestras vidas, es decir, no se trata de escoger a voluntad propia lo que queremos emprender y luego solicitar la bendición de Dios.

Deuteronomio 28:9: “Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos.”

Leamos la Biblia cada día y de esa manera estaremos oyendo a Dios, conoceremos sus pensamientos y voluntad para con nosotros. Obtener la bendición que Dios quiere darnos requiere de nuestra obediencia, la cual nace de un corazón que le ama y anhela servirle.