“Jesús y la Oración” “Escuela de Oración” (Clase N°8)

1 Samuel 1:10-11: “ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.”

La Biblia habla de una mujer llamada Ana que no podía tener hijos y vivía muy afligida, mientras que Penina la condenaba por su infertilidad. Esta mujer oró a Dios con un corazón humillado, sin importar lo que pudieran pensar los demás y Dios le concedió el milagro de tener un hijo.

Debemos aprender que oramos no para que nos vean levantar las manos, sino que lo hacemos para establecer una relación con Dios. A pesar de las circunstancias debemos mantenernos firmes en nuestra oración, sin olvidar que Jesús nos abraza con su amor y quita la carga de nuestros hombros. No es necesario orar y quejarnos durante un largo período de tiempo, tal vez cinco minutos adorando a Dios son suficientes para agradar el corazón del Padre. Dios no recibe oraciones de un corazón amargado.

Es hermoso que una persona se humille a Dios, no con deseos de obtener algo, simplemente porque desea estar con Él y le ama. Dios no tiene hijos malcriados, sino con un corazón humilde, ¿por qué a unas personas les va mejor que a otras? Porque unas agradan a Dios y otras solo le reclaman o exigen.

Deja de orar para ti y comienza a pedir la voluntad de Dios para tu vida, luchemos por los intereses de Dios y Él se ocupará de nuestras necesidades. Cuidemos a nuestro corazón, aprendamos a despegarnos de lo terrenal y hacer la voluntad de Dios. ¿Quieres predicar en la iglesia, pero descuidas a tu hogar? Debe existir un equilibrio, Dios es un Dios de orden.

¿Qué es lo que deseas? Que la voluntad de Dios se cumpla, ¿qué somos sin Jesús? Nada, pues dependemos completamente de Él. No ores con amargura en tu corazón, pero si lo haces con un deseo genuino y descansas en sus brazos, todo saldrá bien. No preguntemos por qué suceden las cosas, simplemente humíllate a Dios y espera en Él, porque sabe lo que hace. Cuando te caigas, recuerda que tu socorro no proviene de una persona, tu socorro viene de Jehová.

Donde no puede el hombre, allí llega la ayuda de Dios, no caminemos por vista ni por lo que oímos, debemos aprender a vivir por fe. El tiempo no lo decides tú, el tiempo lo decide Dios. Entiende que tienes un Dios grande que no te ha defraudado y nunca lo hará.