“Jesús sigue sanando” (Servicio de Sanidad)

Algunos piensan que el tiempo de sanidad de mi señor Jesús culmino cuando Él murió, Jesús resucito y con Él sus promesas. Si Él vive yo puedo estar sano, dice mi Biblia en Isaías que Él llevo toda enfermedad en la cruz y que por Él yo puedo vivir sano. Toda enfermedad en todo cuerpo que tiene a Jesús está ahí de manera ilegal, esa enfermedad que está en su cuerpo no debería estar ahí. Jesús sigue sanando, y para animarle voy a mostrarle cuatro casos en los que Él siempre estuvo dispuesto a sanar.

1.-  No dude que Jesús quiere sanarlo

Marcos 1:40-41: “Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.”  

Usted dice que Jesús no puede sanarle porque no tiene una condición para hacerlo, este leproso sabía que Jesús podía sanarle pero no creía que por su condición lo hiciera. Este leproso pregunta a Jesús ¿Señor tu quieres sanarme? El leproso estaba dispuesto incluso a ser rechazado por Jesús, creyó que Él le diría, no mereces que yo te sane. Una de las cosas que la maldad disfruta es ver su sufrimiento, el mal jamás será más poderoso que Jesús. Jesús le dijo a ese leproso: si quiero.

Solo con fe puedes ser sano, porque te moviste no sé de donde, pero estas aquí y esa es la mejor muestra de fe para Jesús. Hoy Jesús está aquí para sanar, para hacer milagros, para mostrar su amor y su humildad. Cuando Jesús le dijo quiero, le dijo se limpio y Jesús con su inmensa misericordia lo toco, Jesús toco a este hombre sin temor alguno de contagiarse porque sabía que Él era sanador. Extendió su mano sin escrúpulos dándole seguridad y en el mismo instante que Jesús lo toco la lepra se fue. Así que Jesús quiere sanarte.

2.- Nunca dependa de otro para ser sano

Juan 5:5-8: “Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.

Si otro no cree usted si cree, si otro no vino usted si vino. Ahí estaba un hombre que está dependiendo de otro para ser sano, para dirigirlo a su milagro; usted no depende de mí para recibir su milagro, usted depende de su fe para recibirlo, usted no depende de que yo le ponga mis manos usted depende de que Jesús venga y le toque para ser sanado.

Usted no necesita explicarle a Jesús porque debe ser sano, solo debe decirle a Jesús que será sano, cuando Jesús te quiere sanar no quiere oír tus excusas; Él solamente quiere ver tu fe para sanarte.

3.-  Usted puede empujar la fe de otro

Marcos 2:3-5: “Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

Había un hombre paralitico, en su lecho, y alguien le avisa que Jesús llegó a una casa en Capernaum, pero cuatro hombres vienen al paralitico y le dicen “¿tú crees que Jesús puede sanarte?”, entonces,  lo cargaron y lo llevaron a donde estaba Jesús, y cuando llegaron a la casa se dieron cuenta de que era imposible entrar, por lo que ellos decidieron entrar por el techo, con la única intención de que ese hombre fuera sano.

Si usted está al lado de alguien y usted lo trajo y lo animó a venir a este lugar, cuando empecemos a orar usted va a ser un vehículo para la sanidad de esa persona, usted va a empujar la fe de esa persona. Dígale, yo estoy siendo sano, tú también puedes ser sano en este lugar.

Nuestra fe nunca va a recibir un no como respuesta. Es posible que por tu fe otro crea por su milagro.

4.-  Que nada ni nadie silencie tu fe

Marcos 10: 46-50: “Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: !!Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: !!Hijo de David, ten misericordia de mí! Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.”

Tu fe habla, el que cree y grita por su fe, nunca puede ser callado por el que duda de su fe; y usted está obligado a creer por un milagro, a Jesús lo detuvo la fe y el grito de alguien, yo quiero que usted capte hoy la atención de mi Jesús.

Jesús te llama ten confianza. No esperes que Él te toque, levanta tu fe hoy  y toca a Jesús con tu fe. Hoy Dios no solo está interesado en sanar tu cuerpo sino en restaurar y cambiar tu corazón.