“Jesús quiere ser tu primer amor”

¿Por qué pide Dios que le ames en primer lugar? Dios no es egoísta, Él quiere que ames a tu familia, a tu país, pero sí te pide que le ames sobre todo, aunque Él no necesita amor, porque Él es amor. Cuando le dice a la humanidad que le ame sobre todo, es una petición de protección, de cuidado por nosotros, porque sabe que todo aquello que ames en esta tierra más que a Él, te puede decepcionar y dañar.

Si pones tu amor en Dios, Él no te va a decepcionar, no te va a fallar, no te va a dejar. ¡Es una petición de amor! ¡Cuánta gente decepcionada, herida, por haber puesto en su lista de prioridades, de su primer amor, a un hombre o a una mujer, su trabajo, u otras cosas, y no a Dios! Esto lo veo como pastor muchas veces. Todo lo creado te puede decepcionar; el único que no lo hace es Dios.

No tienes que protegerte de Dios, déjalo entrar en tu corazón, Él va a sanar el daño que otras personas te hayan hecho. Un intérprete de la Ley para probar a Jesús le preguntó sobre cuál era el más grande e importante mandamiento de todos.

Mateo 22:37-39 “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Vemos que amar es la más grande necesidad humana. Cuando un niño no lo recibe, se trastorna. Cuando Dios nos dice: “ámenme”, está solucionando todos los problemas de la humanidad. No dijo: “sean santos”, pues sería interpretado como normas; pero, santidad es caminar en amor. Podemos guardar normas y mandamientos, y aún así, no tener amor, y sin amor, no somos nada – Pablo lo dijo en 1 Corintios 13 – Para Dios la prioridad no fue la fe o la santidad, sino el amor.

El segundo mandamiento se desprende y es consecuencia del primero: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Cuando caminas en amor estás cumpliendo con toda la ley y los mandamientos, como Jesús lo enseñó. Para Dios, Job era perfecto, no según lo que nos han hecho creer que es ser perfecto, pues no tenía un matrimonio perfecto, hijos perfectos, economía perfecta; pero Job caminaba en amor. Para Dios esto es perfección. ¡Así que, camine en amor!

El apóstol Juan estaba exilado en isla de Patmos, fue puesto allí para que no tuviera contacto con nadie, preso por causa del Señor. Allí se le apareció Jesús, estando en el Espíritu (Muchos quieren que Dios les hable, pero no andan en el Espíritu.) – Le digo a las parejas que se casan que pongan su fundamento, no en el enamoramiento con el que todo el mundo se casa, sino en tener en primer lugar su amor a Dios. Si un hombre es fiel a Dios, lo será con su esposa; de lo contrario, no hay garantía. Si pones a Dios en primer lugar habrá amor. – Juan vio a Jesús como lo describe Apocalipsis 1: 9-20 y recibe la orden de escribirle a las siete iglesias (Apoc. 1:11.) Entre estas está la iglesia en Éfeso, que es descrita con grandes características:

Apocalipsis 2: 1-7: “Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.”

Esta iglesia amaba a Dios y le servía, pero no lo tenía en el primer lugar de su amor. A veces, puedes amar más tu servicio a Dios que a Dios. A María le pasó, puso su servicio por encima de Jesús mismo; entretanto, Marta había escogido estar a los pies de Jesús, escuchando la Palabra. Lucas 10:40-42: Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

Dios quiere que le sirvas, pero sobre esto, que le ames. Todo aquel que tenga a Dios por debajo de otras cosas, siempre estará turbado, como Marta. Hay gente que se alimenta más del servicio que de la Palabra. Hay peligros en nuestro servicio, porque cuando tenemos corazones de siervo, servir nos llena, pero esto no puede sustituir la Palabra, porque estarás lleno, pero no alimentado.

Jesús tenía en contra de la iglesia de Éfeso que había dejado su primer amor, hacía grandes cosas para Dios, pero sin tener su amor por Él en primer lugar. Dios te dice: “Ámame a mí y a tu prójimo, y estarás bien.” Estas son obras de amor; es caminar en amor. La falta de amor es la causa de los grandes problemas de la Iglesia y de la humanidad. ¡Es una preocupación de amor! No seas como Adán que por amar más a su mujer fue expulsado del Edén, y así que por amor a otras cosas antes que Dios, seas expulsado de tu bendición.

 Has dejado tu primer amor, ya no tienes intimidad conmigo; no lees la Palabra con la misma hambre que antes; ya no vienes a la Casa de Dios con la misma expectativa. Dios está deseoso de tu amor; Él te cela con su amor para cuidarte. Te va a decepcionar cualquier amor que pongas antes que a Él. Pero, cualquier cosa que te decepcione sobre esta tierra, si Dios está en el primer lugar, Él mismo te consolará. El amor de Jesús te cambia, te ampara, te guarda, no depende de quién seas, Él te seguirá amando a pesar de todo. Correspóndele hoy, y tu vida será diferente. ¡Tenemos que caminar en amor! Es la prioridad de Dios, su llamado a la humanidad.