Jesús ha resucitado

Nuestra diferencia con otras religiones es que nos basamos en que el Dios en quien creemos no está en una tumba, nuestra fe y esperanza está en que Él resucitó. Así que, a diferencia de otros, su tumba está vacía, y todo el que cree en su resurrección, la hereda.

Efesios 3:20:Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.”

En esta fecha recordamos que si dejamos actuar ese poder de resurrección en nosotros, podemos alcanzar grandes cosas. El poder que actúa en nosotros es capaz de vencer la muerte y llenarnos de la vida de Jesús; y todo el que cree en Dios, sin importar cuánto tiempo tenga viviendo en la fe, es capaz de recibir lo que espera. En la Biblia vemos grandes hombres y mujeres que vivieron en lo sobrenatural, y no se dejaron opacar por las circunstancias. Entendamos que la realidad no es la verdad, solo es una realidad, y puede ser cambiada a través de la verdad, que es Jesús.

Romanos 14:8: “Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.”

Cuando alguien muere su espíritu va al cielo, y su alma al lugar que le corresponde de acuerdo a su fe. El día que Jesús murió, entregó su espíritu al cielo, a su Padre, su alma fue enviada al infierno porque cargó los pecados de la humanidad, y su cuerpo quedó en la cruz.

Mateo 27:50:Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.”

Cuando Jesús entrega su espíritu, lo primero que ocurre es que el velo que estaba en el templo se rasga de arriba hacia abajo, algo que es imposible en lo natural por las características del material del velo, pero esto deja claro que el cielo mismo rompió con la separación que representaba este velo, hacia el lugar santo y el lugar santísimo. Al mismo tiempo, la tierra tembló, en una onda expansiva desde la Cruz hasta el resto del universo, esto sucede porque estaba muriendo el Creador de la vida, por esta razón todo creado fue afectado. Esta muerte no era merecida, pero Jesús renunció a ser Dios, y se hizo hombre por decisión para salvar a la humanidad.

Juan 10:18: “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”

Jesús escogió la muerte para darnos vida. El que resucitó a los muertos, sanó paralíticos, entre otras cosas, decidió morir para darle vida al hombre. Igualmente, cuando Jesús muere, todas las rocas que se encontraban alrededor de la Cruz se partieron, ¿por qué? porque Jesús es la roca inconmovible, así que,  esto simboliza que Él es la única roca, la piedra angular.

A Jesús lo colocaron en una tumba sellada, creyendo que evitarían la manifestación de su poder, pero no fue así. Debemos conocer que, en nosotros habita esa capacidad, que solo puede ser liberada a través del Espíritu Santo, y los únicos que podemos impedirlo, somos nosotros mismos; pero si movemos esa piedra que hemos colocado, no solo liberaremos el poder de Dios sino que estaremos a un paso de recibir nuestro milagro. Este tipo de experiencias no vienen a causa de asistir a la iglesia, sino como producto de una constante búsqueda. No nos acerquemos a Dios para calmar nuestra conciencia sino para desear un cambio verdadero.

Mateo 28:2: “Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.”

Podemos ver como nuevamente se produce un terremoto, y fue en el momento en que el ángel desciende a la tierra, quien fue enviado para mover la piedra de la tumba de Jesús. Cuando regresamos a la búsqueda de lo sobrenatural, anhelando un verdadero cambio en nuestra vida, Dios enviará su ángel para que remueva la piedra que no nos ha dejado que el poder que hay en nosotros fluya.

Juan 20:19: “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.”

Si Jesús tenía el poder para atravesar las paredes, cómo es que necesita que un ángel retire la piedra de su tumba para salir, pero el ángel no vino exactamente a mover la piedra para que Jesús saliera, sino para que las mujeres entraran. Esa piedra en nuestra vida hace dos cosas: nos impide ver un milagro, y que este entre. De igual forma, el día que Jesús murió la tierra fue cubierta de tinieblas, indicando que Él es la luz, pero también justo en el momento que resucita, otros también resucitan.

Una vez que Jesús resucita, las mujeres que le seguían recuerdan que Él lo había prometido, por eso van a la tumba a buscarle, pero ya Él no estaba, sorprendiendo al ángel la ansiosa búsqueda de ellas. Estas mujeres fueron a buscarlo porque extrañaban sus enseñanzas, su presencia y su poder. Mientas tanto, sus discípulos son dirigidos por Pedro, quien había olvidado a Jesús, volviendo a ser lo que era antes, y esto sucede con todo aquel que le olvida, pierde lo que ha alcanzado en su relación con Jesús. Lo que has ganado en tu vida espiritual por años, lo puedes perder en pocos días cuando olvidas a Jesús, debido a que pierdes la dirección.

Mateo 26:75: “Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.”

La última vez que Pedro había hecho referencia a Jesús, fue para negarlo, y de pronto se encontraba cara a cara con Él, lleno de vergüenza, pero Jesús lejos de condenarlo, le preguntó si lo amaba, y se lo preguntó tres veces para perdonar cada vez que le había negado. Ante cada negación Jesús le sacó una confesión de amor, y le pidió que atendiera lo que Él amaba, porque al hacerlo dejaría de amarse a sí mismo para amar a Jesús. Jesús tiene una forma única de sanar tu corazón, y no es condenándote sino amándote y haciendo que confieses que lo amas.

El mayor poder de la resurrección de Jesús es su amor, porque nadie nos ama como Él, y nadie nos perdonará lo que Él nos ha perdonado. Por ello, el mayor temor del enemigo no es un religioso que conoce Biblia, sino un creyente de la resurrección, porque por medio de Él cambiará nuestra vida.