“Jesús es mi esperanza”

Los líderes del tiempo de Jesús tomaron las leyes de Moisés y la convirtieron en una religión de élite, negándole al pueblo la posibilidad de acercarse a Dios por su propia cuenta,  por lo que el pueblo de Israel solo tenía acceso a Su Dios por medio de estos líderes. En Israel había desesperanza y en medio de ese momento apareció Jesús, porque Jesús siempre va a aparecer en el peor momento de nuestras vidas para traer esperanza. Jesús no vino en el mejor momento del país de Israel sino en el peor momento de este.

Jesús estando en esta tierra nunca permitió que la desesperanza tocara los corazones de la gente, y uno de sus nombres es Emmanuel que quiere decir “Dios con nosotros” lo que indica que no estamos solos porque Dios está con nosotros y eso es esperanza porque si Dios está con nosotros quién contra nosotros. Su nombre es fidelidad a ti y a mí, Dios es leal.

Colosenses 1:24-27: “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria…”

No veamos el camino del padecimiento, sino el destino que nos espera al final de este. Dios nos ha dado a conocer ese misterio y el Apóstol Pablo lo describe diciendo  que es Jesús, la esperanza de gloria; en el peor momento de la vida del Apóstol él seguía anunciando la esperanza seguía anunciando a Jesús, porque él no estaba viendo lo que estaba pasando, ni el camino, estaba viendo el destino, el galardón que le esperaba al final del camino. Moisés se pudo sostener viendo como al invisible, él sabía lo que esperaba; ¿qué estamos esperando nosotros, qué estamos viendo para alimentar nuestra fe? No perdamos la esperanza, porque vienen días de gloria para nuestras vidas.

1 Timoteo 1:1: “Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza…”

Pablo siempre describía a Jesús como su esperanza, aún estando preso, o en persecución, cuando todo parecía ir mal para Pablo él seguía viendo a Jesús como su esperanza. No temas, cree solamente, porque nuestra esperanza esta puesta en lo que Dios ha dicho. El que tiene a Jesús en su corazón tiene esperanza, si alguien perdió su esperanza perdió a Jesús; no dejes que las decepciones contaminen tu corazón, porque solo Jesús es el único que ha dado todo por ti, y Él nunca te va a decepcionar porque Él es Emmanuel.

1 Pedro 5:6-10: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”

Cuando nos humillamos delante de los hombres traemos lastima, pero cuando nos humillamos delante de Dios traemos gloria, no nos exaltemos nosotros mismos, más bien humillémonos y seremos exaltados por nuestro Dios. Cuando nuestra esperanza está en Jesús nuestra fe es inconmovible. El diablo está interesado en que perdamos la esperanza porque cuando perdemos la esperanza perdemos todo. Dios no le da a la crisis y al problema una fecha ilimitada, sino que le da una fecha de caducidad, indicando que todo problema en nuestras vidas no es eterno, sino que saldremos perfeccionados, afirmados, fortalecidos y seremos establecidos, porque Dios quiere darnos lo mejor.

No perdamos la esperanza, porque al perderla habremos perdido todo, antes bien recuperémosla y sigamos confiando en Jesús.