“Jesús, mi conexión con lo sobrenatural”

Juan 15:7: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.”

Hay mucha gente queriendo que le funcione un proyecto de vida, sea en lo económico, familiar, ministerial o en cualquier otra área, pero si no tenemos una conexión espiritual clara y definida con Jesús, nada de lo que hagamos va a funcionar; cuando queramos que en nuestra vida espiritual funcione algo debemos revisar nuestra conexión con Jesús y con su palabra. Si no estamos conectados a la vid, no daremos fruto, y si no damos frutos entonces seremos cortados permanentemente, por ende, si hay algo en lo que debemos trabajar todos los días es en una dependencia del Espíritu de Cristo, convirtiéndonos en un medio por el que la vida de Jesús se manifieste.

Nuestro espíritu es la morada de Cristo, somos la casa de Dios, y Jesús es el mediador que va a activar lo sobrenatural en nosotros, si nos conectamos a través de Él, lo que va a empezar a suceder, es que los cielos se abrirán a favor de nuestras vidas. No debemos aceptar que en la casa de Dios los cielos estén cerrados, porque en su casa los cielos deben estar abiertos, ya que su presencia está allí, lista para dar respuesta a sus promesas. Cuando Jacob experimentó la conexión con Dios, la empezó a aprovechar y dijo: “a donde quiera que yo vaya bendíceme, prospera mi camino”, porque cuando tenemos cielos abiertos, debemos abrir nuestra boca, y pedir a Dios en grande.

Seamos uno con Cristo, de esa forma recuperaremos nuestra identidad espiritual, y  seremos conectados con nuestro propósito; hay diferentes áreas con las que nos conectamos con Cristo, a través de la oración, la adoración, la palabra profética, y a través de nuestros diezmos y ofrendas.  Cualquiera que quiera llegar al Padre debe entender que Jesús es el camino, la verdad y la vida, no hay otra forma de llegar al Padre; Jesús que es la Palabra está en la boca de sus siervos y de sus profetas, porque no hará nada el Señor sin que lo revelen a sus siervos los profetas. En la boca del profeta siempre hay un milagro, una conexión y la palabra que necesitamos.