Jesús, el centro del matrimonio

Mateo 7:24: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca”.

Dios quiere reedificar, volver a fundamentar y reconstruir nuestros hogares para que verdaderamente Jesús sea el centro, y una de las herramientas más poderosas para hacer esto es nuestra relación con el Espíritu Santo. Cuando estamos en Jesús, y a su vez, Él está en nosotros, y permanecemos fundamentados en esa Roca, seremos guiados a toda verdad. Jesús es el centro, es el camino, y quien nos enseña y nos instruye, pero cuanto menos nos resistimos y somos humildes, más fácil va a ser su enseñanza.

El esposo no puede ser el centro en la vida de la mujer; Jesús es quien deber serlo siempre. Además, para que la mujer pueda ser ayuda idónea para su esposo, debe ella primero dejarse tratar por Dios, porque el esposo necesita que la mujer pueda ser confiable, para que de esta manera pueda abrir su corazón para con ella.

Satanás no tiene parte en nuestro matrimonio, porque Jesús nos compró a precio de sangre, y somos redimidos por ella. La Palabra de Dios nos da derecho legal sobre esta bendición; toda acta de decretos que ha querido levantar Satanás, no tiene poder sobre nosotros (Colosenses 2:14). Recordemos que ya no vivimos nosotros, vive Cristo en nuestras vidas (Gálatas 2:20), y que en Él tendremos victoria. Pero, Jesús necesita que seamos inconmovibles, y que en medio de lo que podamos atravesar, seamos pacientes y esperemos en Él.

Jesús se va a manifestar en nuestros hogares como nunca antes lo hemos visto, pero doblemos rodillas y subamos a esa Roca; desde allí, podremos ver todo aquello que quiera dañar nuestro matrimonio. Habrá un momento en el que las fuerzas parecerán que se acaban, pero en ese momento, el Espíritu Santo vendrá en nuestra ayuda y nos demostrará que Él da fuerzas al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna (Isaías 40:29). ¡Junto a nuestros esposos, levantémonos y edifiquemos!

–  Pastora Yira de Blanco.

Romanos 8:28-29: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”.

El matrimonio es una de las formas que Dios más usa para cumplir el propósito en cada uno de sus hijos. El verdadero propósito de Dios para con nosotros es que seamos como Jesús. Si somos como Él en cada área, incluyendo el matrimonio, vamos a tener éxito. Si somos como Jesús, aunque lo que atravesemos sea difícil, esa situación va a obrar para bien. El matrimonio es el mejor terreno para ser como Jesús todos los días; allí hay que amar, perdonar y servir. Y si en el matrimonio, ambos van a Jesús, habrá amor y alegría, porque Jesús es todo esto. Pero, cuando ambos se van, cada uno a un lugar diferente, comienzan las diferencias, porque no hay acuerdo. Recordemos que no hay poder más grande que el de permanecer juntos, hasta llegar a ser uno solo con Jesús.

Los esposos no pueden esperar que cuando entren al matrimonio, sus esposas sean perfectas. El escultor ve la escultura dentro de la roca; luego, debe trabajar con martillo y cincel, teniendo mucho cuidado, para de esta manera, quitar lo sobrante. Los esposos deben trabajar para sacar a la luz el Cristo que habita en sus esposas. Además, deben cuidar a sus esposas, y no dejar que nadie las dañe, pues, son ellas, las que Jesús ha puesto a su lado para ayudarles y apoyarles.

Hay tres principios de Jesús para edificar un matrimonio en la voluntad de Dios: amor, humildad y sabiduría, estos son tres de los atributos más importantes de Jesús. El que aplica constantemente estos principios en su matrimonio, edificará. También, son tres principios que Satanás jamás podrá derrotar ni imitar. Cuando caminamos en estos principios, no solo edificamos, sino que alejamos al devorador de nuestra casa.

Las más grandes lecciones de nuestra vida espiritual son las que aprendemos en el matrimonio. ¿Cómo aprender con alguien si no fallan ni se equivocan? Las marcas de éxito en el matrimonio son las pruebas que se han atravesado y que el diablo no ha hecho que perdamos, sino que las hemos atravesado, aprendido, perdonado, restaurado y nos hemos levantado. Esas son las marcas de nuestra victoria, en las que el Cristo que está en nosotros ha sido más fuerte que las pruebas, tentaciones o problemas que el enemigo ha traído. Dios no se equivocó con la esposa que nos dio, Él sabía que pasaríamos por pruebas, pero también nos ha dotado con la capacidad y las herramientas para vencer y salir victorioso de ellas.

– Pastor Yobany Blanco. –